domingo, 14 de mayo de 2017

LA NOVELA Y EL CUENTO HISPANOAMERICANOS EN LA SEGUNDA MITAD EL SIGLO XX

1) LA NUEVA NOVELA HISPANOAMERICANA: EL BOOM
El auge de la novelística hispanoamericana suele circunscribirse a la década de los años sesenta, durante la cual se produce el llamado “boom” de la narrativa hispanoamericana o, lo que es lo mismo, su definitiva internacionalización y una renovación de la novela en su conjunto. Los antecedentes los tenemos en la renovación de la novela en las décadas de 1940-1950, cuando aparecen nuevas formas de concebir el discurso novelístico con nuevos procedimientos narrativos que recogen lo mejor de la vanguardia. El primer relato que lleva el sello de un cambio definitivo fue El pozo (1939), de Juan Carlos Onetti, a la que le seguirán obras destacadas como El señor presidente (1946) de Miguel Ángel Asturias o El túnel (1948) de Ernesto Sábato. Estas y otras narraciones han de considerarse el inicio de la definitiva renovación que se consagrará después.
La década de los cuarenta inicia ya prácticamente todas las corrientes y modalidades que habrían de tener un desarrollo posterior. Nuevas poéticas surgidas ya en estas décadas, como la de la “literatura fantástica”, de Borges, o el “realismo mágico” (que supone una reinvención de la realidad mediante la fusión de elementos reales con otros que pertenecen al mundo de la fantasía), de Alejo Carpentier, derivan directamente de las conexiones de sus formuladores con las vanguardias europeas. Hay un cuestionamiento de la angustia y los temas existenciales (así, la soledad o incomunicación en Sábato, y la frustración y el absurdo en Onetti) y una serie de influencias destacadas, tanto europeas (Joyce, Proust, Kafka) como norteamericanas (Faulkner, Doss Passos,…). Todos estos elementos configuran básicamente el definitivo cambio.
Como textos representativos de los años 50 destacamos: Los adioses (1954), de Juan Carlos Onetti; El papa verde (1954), de Miguel Ángel Asturias; Los ríos profundos (1958), de José Mª Arguedas; Pedro Páramo (1955), de Juan Rulfo; La hojarasca (1955), de Gabriel García Márquez; etc. Algunos de estos novelistas serán considerados integrantes del llamado “boom” que tendrá lugar en la década siguiente.
Llamamos “boom” a la definitiva internacionalización de la “nueva novela” hispanoamericana. El fenómeno estuvo muy ligado al bloqueo de Cuba de 1959 producido como consecuencia de la revolución castrista, que propició la formación de un grupo de escritores contrarios al bloqueo (Cortázar, Fuentes, García Márquez y Vargas Llosa), en torno al cual empezaron a aglutinarse otros muchos narradores. El “boom” apareció ligado a un fenómeno comercial: la industria editorial española le granjeó una gran promoción publicitaria, y se creó el premio “Biblioteca Breve” de novela, otorgado por primera vez a Vargas Llosa por La ciudad y los perros. Algunos premios “Nadal” también fueron concedidos a autores hispanoamericanos. Igualmente cooperaron las numerosas traducciones que se hicieron, así como las adaptaciones cinematográficas y coloquios, congresos, artículos, monografías…, todo ello seguido de un gran éxito de lectura. El broche final de la definitiva internacionalización de esta narrativa la pondría Miguel Ángel Asturias, al serle concedido el Premio Nobel de Literatura en 1967.
Algunos textos de los años sesenta son los siguientes: La muerte de Artemio Cruz (1962), de Carlos Fuentes; Rayuela (1963), de Julio Cortázar; La ciudad y los perros (1963), de Vargas Llosa; Paradiso (1966), de Lezama Lima; Bomarzo (1962), de M. Mujica Laínez; Tres tristes tigres (1967), de Cabrera Infante; Cien años de soledad (1967), de García Márquez, etc.
A continuación señalamos brevemente algunas de las figuras más destacadas del “boom”:
* Juan Carlos Onetti (uruguayo): Su primer libro, El pozo (1939), es breve pero revolucionario para su momento. Le siguen obras de mayor relieve como El astillero (1961) o Juntacadáveres (1964). Persigue un retrato interno del hombre como símbolo de los problemas planteados al individuo por la civilización contemporánea; su visión de la existencia y de la sociedad es pesimista y desesperanzada.
* Manuel Mujica Laínez (argentino): Es autor de cuatro novelas históricas que lo convierten en maestro del género, entre las que destacan Bomarzo (1962) y El Unicornio (1965).
* Juan Rulfo (mexicano): Destaca por su novela Pedro Páramo (1955), en la que combina las voces de distintos narradores, yuxtapone escenas alejadas en el tiempo y el espacio, mezcla relatos de personajes vivos y difuntos, etc., hasta el punto de que el texto ha sido unánimemente alabado como una pequeña obra maestra.
* Julio Cortázar (argentino): Es gran cultivador del cuento fantástico. Entre sus narraciones largas destaca Rayuela (1963), uno de los éxitos editoriales del “boom”, a pesar de su difícil originalidad, basada en su estructura en “collages” que se concreta en capítulos y recortes que pueden componerse de mil maneras diferentes, ofreciendo dos posibilidades de lectura: una en orden lineal y otra inspirada en el juego de la rayuela (en el que se salta de casilla en casilla).
*Gabriel García Márquez (colombiano): Actualmente es el escritor en lengua española de mayor renombre internacional, desde la publicación de Cien años de soledad (1967), novela ambientada en el imaginario Macondo, donde nos relata la saga familiar de los Buendía, desde sus fundadores hasta el último descendiente, que nace con cola de cerdo. Otros obras destacadas son El Coronel no tiene quien le escriba (1962) y Crónica de una muerte anunciada (1981). Le fue concedido el Premio Nobel en 1982
*Mario Vargas Llosa (peruano): Su carrera novelística se inicia con La ciudad y los perros (1963) y continúa con obras como Conversación en la catedral (1969) o Lituma en los Andes (1993). Destaca por la construcción y el interés de sus historias.
Otros autores relevantes son: Miguel Ángel Asturias, José Donoso, Augusto Roa Bastos, José Lezama Lima, Manuel Puig, Alfredo Bryce Echenique, Severo Sarduy, Ernesto Sábato, Carlos Fuentes, etc.
Tras el “boom” vendría el “postboom”, o el “boom junior”, ya en las décadas de los 80 y 90. Continúan publicando las figuras consagradas y aparecen otras nuevas. Aunque no desaparece el experimentalismo, van disminuyendo poco a poco las complejidades estructurales. Algunos títulos de estas décadas son: La casa de los espíritus (1985) y Cuentos de Eva Luna (1987), de Isabel Allende (que continúa la línea del realismo mágico); El amor en los tiempos del cólera (1986), de García Márquez; Como agua para chocolate (1989), de Laura Esquivel; Los detectives salvajes (1998), de Roberto Bolaño; etc.
2) EL CUENTO HISPANOAMERICANO
El cuento ha gozado de un gran protagonismo en la narrativa hispanoamericana. Entre los principales representantes del cuento hispanoamericano en el período que estudiamos destacamos:
* Jorge Luis Borges: uno de los más asombrosos autores de cuentos de nuestra época. Sus relatos nos ponen en contacto con lo insólito y excepcional, proponiéndonos sutiles juegos mentales llenos de inteligencia. Sus cuentos se recogen en volúmenes como Ficciones (1944) y El Aleph (1949).
* Juan Rufo: aporta una colección excepcional de cuentos con El llano en llamas (1953).
* Julio Cortázar: se reveló como un inteligentísimo cultivador del cuento fantástico con Bestiario (1951). En sus cuentos hace surgir lo maravilloso dentro de lo cotidiano, como reflejo de su complejidad. Es uno de los principales representantes del realismo mágico.
Otros representantes del cuento hispanoamericano son: Mario Benedetti, José Donoso, García Márquez, Juan José Arreola, Augusto Monterroso, etc.

sábado, 6 de mayo de 2017

EL TEATRO DE POSGUERRA HASTA EL COMIENZO DE LA DEMOCRACIA



EL TEATRO DE POSGUERRA HASTA EL COMIENZO DE LA DEMOCRACIA

El teatro continuista y tradicional de posguerra

Al igual que ocurrió con la poesía y la novela, el teatro también se vio muy afectado por las consecuencias de la Guerra Civil (1936-1939), así como por la censura impuesta por la dictadura franquista. Acabada la contienda, las autoridades pensaron que el teatro podría ser un buen bálsamo para intentar superar las heridas morales y psicológicas que la guerra había producido. Es por ello por lo que comienzan a representarse obras de exaltación ideológica del régimen, en su mayoría de muy baja calidad, así como obras clásicas del teatro del Siglo de Oro, además de adaptaciones de obras extranjeras.  Autores como Rafael Alberti, Alejandro Casona o Max Aub se encontraban en el exilio, y el teatro que tendrá más éxito será el continuador de la línea benaventina de la alta comedia, en la que se realiza una crítica medida de las costumbres sociales desde la perspectiva de la conservación de los valores tradicionales; en esta línea encontramos autores como José María Pemán, con obras como Yo no he venido a traer la paz (1943) o Callados como muertos (1952), y Juan Ignacio Luca de Tena, con obras como ¿Dónde vas, Alfonso XII? o ¿Dónde vas, triste de ti; ambos autores siguen una misma ideología: la restauración monárquica. Otros autores son Joaquín Calvo Sotelo o Víctor Ruiz Iriarte.

Resultado de imagen de imagenes tres sombreros de copaPor otro lado, encontramos un teatro cómico, comercial, con importantes autores que cosecharon grandes éxitos. Es el caso de Enrique Jardiel Poncela, que continúa su triunfo anterior a la guerra. Entre sus obras, caracterizadas por la agudeza de los diálogos y las situaciones disparatadas, destacan Eloísa está debajo de un almendro (1940), Los ladrones somos gente honrada (1941) y Los habitantes de la casa deshabitada (1942). En la misma línea se encuentra el dramaturgo Miguel Mihura (1905-1977), quien desarrolló en sus inicios un humor disparatado cercano al teatro del absurdo, para ir adaptándolo poco a poco; su obra más importante es Tres sombreros de copa, escrita en 1932, pero estrenada en 1952 debido a que ningún empresario teatral se atrevió a llevarla a escena durante veinte años; otras comedias de este autor son Ni pobre ni rico sino todo lo contrario (1943), Maribel y la extraña familia (1959) y Ninette y un señor de Murcia (1964).

El teatro realista de denuncia social

Durante los años cincuenta y sesenta se desarrolló en nuestro país un teatro comprometido, que trataba de reflejar la realidad social tal y como era, con una clara finalidad de denunciar aspectos como: las duras condiciones de trabajo, la deshumanización de la burocracia, la situación de los obreros, las injusticias sociales, etc., convirtiéndose en el portavoz de las clases humildes y en el defensor de la dignidad vital. Evidentemente, este tipo de teatro tuvo problemas con la censura, y muchas de las obras no llegaron a representarse hasta el advenimiento de la democracia.

Resultado de imagen de imagenes buero vallejoAntonio Buero Vallejo (1916-2000) y Alfonso Sastre (1926) son los dos autores más importantes del teatro de posguerra y, por supuesto, del realismo social. Buero Vallejo es probablemente el autor cumbre del teatro español del siglo XX; fue condenado a muerte por el régimen franquista, siendo indultado en 1949, fecha en la que estrenó una de las obras de teatro más importantes de nuestra literatura: Historia de una escalera, obra de clara denuncia social, en la que se narra la vida de tres generaciones de vecinos, sus ilusiones y fracasos, como símbolo de la vida de todo el país. El teatro de Buero se caracteriza por sus largas y cuidadas acotaciones que aportan gran valor literario a la lectura de cualquiera de sus obras. Otra de sus grandes obras es El tragaluz (1967) donde se propone un experimento de ciencia ficción: unos investigadores del futuro deciden regresar al siglo XX para estudiar a una familia y su evolución en la historia a partir de que sus miembros optaran por distintos bandos en la Guerra Civil. Otras obras son: En la ardiente oscuridad (1950), que pone en escena las limitaciones de un grupo de personas invidentes y la rebelión de algunos de ellos ante esa situación;  El concierto de San Ovidio (1962), también sobre la ceguera; Un soñador para un pueblo (1958), sobre el motín de Esquilache; Las Meninas (1962), sobre Velázquez; El sueño de la razón (1970), sobre Francisco de Goya; La doble historia del doctor Valmy, que fue prohibida por la censura (y estrenada ya en democracia); etc.


Alfonso Sastre estuvo enfrentado con Buero por su distinta concepción del teatro. Para Sastre, el teatro debe servir para mover las conciencias y debe denunciar  las injusticias y el poder tiránico. A partir de su obra Escuadra hacia la muerte (1953), crítica feroz al militarismo y la guerra, sistemáticamente todas sus obras tuvieron problemas con la censura; la obra, que tuvo gran éxito de estreno, fue prohibida tras la tercera representación. Otras obras de este autor son: La mordaza (1954), Guillermo Tell tiene los ojos tristes (1955), La taberna fantástica (1966), Crónicas romanas (1968), Los últimos días de Emmanuel Kant (1990), etc.
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Además de estos dos autores, otros también dedicaron gran parte de su obra a denunciar la opresiva situación que vivía nuestro país durante la dictadura. Destacan Laura Olmo (1922-1994) con La camisa (1961), obra de testimonio y denuncia, que gira sobre la realidad de la emigración; José Martín Recuerda (1922-2007), con obras como Las salvajes en Puente San Gil (1961), sobre el tema de la hipocresía en la España de la posguerra; o José María Rodríguez Méndez (1925-2009), con Los inocentes de la Moncloa (1961), obra en la que denuncia la dura situación que viven los opositores a la función pública.


El teatro comercial

Además de Jardiel Poncela, Mihura, Pemán o Luca de Tena, otros autores más jóvenes comienzan a publicar durante las décadas de los 50 y 60 con la finalidad de llegar al gran público. Alfonso Paso (1926-1978) comienza creando un teatro de clara intención social, con obras como Juicio contra un sinvergüenza (1952), pero pronto adapta sus obra al gusto del público burgués, con temáticas más amables: es el caso de Vamos a contar mentiras (1961), Los derechos de la mujer (1962) o Las que tienen que servir (1962). Antonio Gala (1936) cultiva todos los géneros (poesía, teatro, novela, ensayo, columnas de opinión) con gran éxito; como dramaturgo destaca con obras como  Los verdes campos del Edén (1963) o Anillos para una dama (1973).

jueves, 4 de mayo de 2017

EL TEATRO A PARTIR DE LA DEMOCRACIA

EL TEATRO A PARTIR DE LA DEMOCRACIA

Como en el campo de la novela o de la poesía, la crítica ha hablado de cierta “desorientación”, o, al menos, de una dispersión de tendencias.
En el teatro español reciente tiene una presencia destacada la obra de madurez de dramaturgos consagrados como Antonio Buero Vallejo, Antonio Gala o Alfonso Sastre. La desaparición de la censura propició el estreno de piezas de autores conflictivos para el régimen político, como Fernando Arrabal, Rafael Alberti o Alfonso Sastre. El panorama dramático español se enriquece con obras de Bertolt Brecht, Antón Chéjov, Dario Fo, Eugène Ionesco, etc. Como notas destacadas de este teatro:
-         Se crea el Centro Dramático Nacional.
-         Proliferan los festivales de teatro.
-         Las comunidades autónomas y muchos ayuntamientos se preocupan de la escena.
-         Se subvencionan espectáculos.
-         Se salvan nobles y viejos edificios teatrales.
-         Se adoptan medidas para atraer nuevos públicos, como el escolar.
-         Pese a ello, las esperanzas no han quedado plenamente satisfechas. Llegar al público con la mayor amplitud posible sigue siendo el principal problema.
Dos casos peculiares del teatro de esta etapa son los de Fernando Arrabal y Antonio Gala.
Fernando Arrabal (1932), conectado en su juventud con el postismo, desarrolla su carrera en Francia, desde el teatro del absurdo (El cementerio de automóviles, 1957) hasta el llamado teatro pánico, desenfrenado y provocador, con un lenguaje surrealista (El arquitecto y el emperador de Asiria, 1966; Oye, patria, mi aflicción, 1975).
Antonio Gala (1936), a quien algunos vinculan con la generación realista, cultiva el drama simbólico-moral (Los verdes campos del Edén, 1963), el realismo poético (Los buenos días perdidos, 1972) y la farsa histórica (Anillos para una dama, 1973).

El nuevo realismo crítico de los años ochenta
Desde finales de los años setenta se consolida un grupo de nuevos dramaturgos que cultivan un realismo crítico de ambientación principalmente contemporánea, aunque no renuncian a la indagación histórica. Se trata de un realismo de tono cotidiano y costumbrista en el que los conflictos individuales se combinan con la denuncia social. Se encuadran en este grupo José Sanchis Sinisterra (¡Ay, Carmela!), José Luis Alonso de Santos, que aborda realidades muy actuales (situación de los jóvenes, droga, delincuencia), en obras como Bajarse al moro, Fermín Cabal (Esta noche, gran velada) y Fernando Fernández Gómez , con Las bicicletas son para el verano, obra de corte realista y un claro retorno a una línea tradicional (sin duda, por la preocupación de captar al público); se trata de una “comedia de costumbres”, según definición del propio autor, que muestra la vida de unos personajes corrientes en esos difíciles años.

La tradición vanguardista
La tradición del carnaval y el teatro surrealista influyen en la obra de Francisco Nieva, novelista, dramaturgo, escenógrafo y director cuya obra se caracteriza por su brillantez escénica, su riqueza verbal y su creación de mundos imaginarios, cómicos y disparatados. Su teatro es transgresor, irracional y neobarroco; su autor lo llamó “teatro furioso”. Entre sus obras destacan: La carroza de plomo candente, El combate de Ópalos y Tasia y El baile de los ardientes.

El teatro independiente
Los grupos de teatro independiente proponen un teatro como espectáculo total en el que el texto se acompaña de efectos de escenografía, iluminación y expresión corporal de los actores. Estos grupos aprovechan fórmulas teatrales como el teatro de calle, el circo, el music-hall y la tradición carnavalesca. Sus obras dan más importancia al espectáculo que al teatro (suelen ser de creación colectiva), introducen numerosos elementos plásticos y sonoros, dan gran importancia a la expresión corporal y tratan de romper la “cuarta pared”, es decir, la tradicional separación entre actores y espectadores.
Entre estos grupos destacan Tábano o Los Goliardos, en Madrid; Teatro Lebrijano y La Cuadra, en Sevilla; Quart 23, en Valencia; Akelarre, en Bilbao; TEU, en Murcia; Els Comediants, Dagoll-Dagom, Els Joglars, La Cubana, Tricicle y La Fura dels Baus, en Cataluña, que introducen en sus espectáculos técnicas propias del cine, el cabaré, la comedia musical, el circo…
Las primeras obras de La Fura dels Baus (Accions, Suz-O-Suz, Tier Mon) se representan en naves industriales: los personajes se mueven en medio del público en una escenografía de residuos de metal y artefactos tecnológicos. Otros trabajos, como F@usto, versión 3.0, incorporan la palabra en un espacio teatral convencional, sin renunciar a su estética expresionista.

Los nuevos dramaturgos
Los nuevos dramaturgos, generalmente limitados a un público minoritario, representan un retorno al realismo y a la consideración del texto como soporte principal de la obra teatral.
Este nuevo teatro trata conflictos cotidianos que muestran la soledad y las relaciones de poder, frustración o crueldad que se establecen entre las personas.
Entre los más destacados de estos dramaturgos se encuentran Ernesto Caballero (Nostalgia del agua), Ignacio del Moral (Fugadas), Juan Mayorga (El sueño de Ginebra), Paloma Pedrero (La llamada de Lauren) y Antonio Onetti (Purasangre).