martes, 25 de abril de 2017

ANÁLISIS SINTÁCTICO



ANÁLISIS SINTÁCTICO
Dudo que hubiera pasado lo mismo con clases “virtuales” y deseo vivamente que la antorcha de la experiencia sepa transmitirla el sistema tutorial que se nos viene encima.

El enunciado se compone de dos proposiciones coordinadas copulativas unidas por la conjunción copulativa “y”, las cuales tienen una estructura similar, puesto que en su interior encontramos una subordinada sustantiva de C. Directo introducida por la conjunción “que”.
En la primera proposición coordinada (“Dudo…virtuales”), el sujeto está omitido (1ª persona del singular), y el predicado abarca toda la proposición, siendo su núcleo el verbo “dudo”, al que le sigue una subordinada sustantiva de complemento directo (CD): “que hubiera pasado lo mismo con clases virtuales”. El sujeto de dicha subordinada es el sintagma nominal “lo mismo”, y el predicado es el resto de la proposición. Dicho predicado está compuesto por el núcleo “hubiera pasado” y un sintagma preposicional (“con clases virtuales”) que funciona como complemento circunstancial de instrumento (CCInst), que consta de un enlace (“con”) y un término (“clases virtuales”), cuyo núcleo (“clases”) va complementado de un sintagma adjetival en función de complemento del nombre (“virtuales”).
La segunda proposición coordinada (“deseo vivamente…encima”) tiene igualmente un sujeto omitido (1ª persona del singular) y un predicado que abarca toda la proposición, cuyo núcleo es el verbo “deseo”, que está complementado por el sintagma adverbial en función de complemento circunstancial de modo  (CCModo) “vivamente” y por una proposición subordinada sustantiva en función de complemento directo: “que la antorcha…viene encima”, introducida por la conjunción “que”. Dicha subordinada tiene como sujeto el sintagma nominal “el sistema tutorial que se nos viene encima” y un predicado, que es el resto de la proposición (“la antorcha de la experiencia sepa transmitirla”). El núcleo del sujeto es el sustantivo “sistema”, que tiene dos adyacentes: el sintagma adjetival “tutorial”, en función de complemento del nombre (CN) y una proposición subordinada adjetiva especificativa (“que se nos viene encima”) en función de complemento del nombre, introducida por la conjunción “que”. El sujeto de esta subordinada adjetiva es el nexo “que” (pronombre relativo), cuyo antecedente es “sistema”, y el predicado es el resto de la proposición. El predicado de la subordinada adjetiva está compuesto por la locución pronominal “se viene encima” y el pronombre personal (sintagma nominal) “nos” en función de complemento indirecto (CI). Por último, el predicado de la subordinada sustantiva (“la antorcha de la experiencia sepa transmitirla”) tiene como núcleo el verbo “sepa”, que va seguido de un C. Directo en forma de subordinada sustantiva de infinitivo: “transmitirla” (sujeto omitido [la antorcha de la experiencia] y predicado “transmitirla”: núcleo “transmitir” y CD con pronombre enclítico: “la”, que se refiere anafóricamente a “la antorcha de la experiencia”). El predicado también contiene un sintagma nominal, “la antorcha de la experiencia”, en función de C. Directo, cuyo núcleo es “antorcha”, que va acompañado de un sintagma preposicional en función de complemento del nombre (“de la experiencia”).

jueves, 20 de abril de 2017

LA NARRATIVA DESDE LOS AÑOS 70 A NUESTROS DÍAS

 
1) PRINCIPALES CARACTERÍSTICAS
En la década de los 70 y, sobre todo a partir del advenimiento de la democracia en 1975, se abre el panorama de la novela en España de tal manera que es prácticamente imposible destacar algunas características o tendencias generales por encima de otras. Cada autor emprende un camino personal con la pretensión de diferenciarse al máximo de sus contemporáneos. De todos modos, vamos a intentar destacar los rasgos más significativos de este periodo:
- Durante los años setenta hay autores que siguen cultivando la novela experimental e intelectual que tiene su origen principal en Tiempo de silencio (1962). Suelen prestar más atención a la forma que al contenido, ya que el argumento llega casi a desaparecer. Abundan las historias fragmentadas y los monólogos interiores. Este tipo de novela está dirigido a un lector inteligente y culto, con formación suficiente para comprender las dificultades sintácticas que los autores plantean.
- La mayoría de los autores de este periodo se muestran contrarios al régimen de Franco.
- Con la llegada de la democracia, la novela se hace más fácil y accesible, de manera que se comienza a extender y a popularizar como el género más importante del final del siglo XX.
- Una gran parte de los autores vuelven a la narración tradicional, al estilo de los autores realistas del XIX o de los escritores de la Generación del 98.
- Comienzan a surgir nuevos subgéneros dentro de la novela con la finalidad de ampliar el panorama literario. Así, encontramos desde finales de los años setenta novelas policíacas, novela negra, de intriga, de ciencia-ficción, de aventuras, rosa, de espionaje...
- El mercado impone su peso a la literatura, de manera que se comienza a publicar con la finalidad de vender una gran cantidad de obras. Los autores se popularizan como creadores y recreadores de opinión en los distintos medios de comunicación (prensa, radio y televisión). El término inglés best seller se asienta entre nuestros autores como sinónimo de calidad y triunfo.
- En los últimos veinte años ha crecido espectacularmente el número de publicaciones a causa de la gran cantidad de premios literarios que existen actualmente y del comercio que las editoriales han instaurado a través de grandes cadenas de distribución, como la Fnac, La Casa del Libro, El Corte Inglés o Círculo de Lectores.
- Los autores más exitosos suelen publicar un libro cada uno o dos años para no perder el interés por parte de los lectores.
- En los últimos tiempos se están imponiendo la novela de aventuras y la novela histórica, como los dos subgéneros más pujantes.
2) PRINCIPALES TENDENCIAS Y AUTORES MÁS REPRESENTATIVOS
La novela desde 1975 supone un cambio en la narrativa, puesto que se abandona la experimentación y se vuelve al relato tradicional. Conviven en este periodo varias generaciones de narradores: de posguerra (Cela, Delibes…), de los años sesenta, setenta y ochenta (Marsé, Marías, Muñoz Molina, Mendoza…). Hay muchas tendencias: novela histórica: Terenci Moix (con No digas que fue un sueño, 1986), Pérez Reverte (con La tabla de Flandes, 1990), Miguel Delibes (con El hereje, 1998), Almudena Grandes (El corazón helado, 2007), Alberto Méndez (Los girasoles ciegos, 2004) o Javier Cercas (Soldados de Salamina, 2001); novela intimista: Javier Marías (con Corazón tan blanco, 1992), Almudenas Grandes (con Malena es un nombre de tango, 1995), Francisco Umbral (con Mortal y rosa, 1975), Julio Llamazares (con La lluvia amarilla, 1988), Luis Landero (con Juegos de la edad tardía, 1991), Carmen Martín Gaite (Nubosidad variable, 1992), José Luis Sampedro (La sonrisa etrusca, 1985); novela policiaca y de intriga: Manuel Vázquez Montalbán (con Los mares del sur, de 1979, y otras novelas de su serie sobre el detective Pepe Carvalho), Antonio Muñoz Molina (con El invierno en Lisboa, 1987, y Plenilunio, 1997), Eduardo Mendoza (con El misterio de la cripta embrujada, de 1978, y La verdad sobre el caso Savolta, de 1975); novela de crítica política: Juan Madrid (con Días contados); metanovela: Antonio Muñoz Molina (Beatus ille, 2003), Juan José Millás (El desorden de tu nombre, 1988); novela realista: Luis Landero (Juegos de la edad tardía, 1989), etc.
Los autores que consideramos más destacados de los últimos años son los siguientes:
- Manuel Vázquez Montalbán (1939-2004): Es uno de los autores más importantes de los últimos treinta años. Además de un destacado poeta, cultiva con éxito también la novela. Es el creador del detective Pepe Carvalho, protagonista de Yo maté a Kennedy (1972), La rosa de Alejandría (1984), El balneario (1986), El delantero centro fue asesinado al atardecer (1988), etc. Tiene un gran número de publicaciones de todo tipo, entre las que destacan Los mares del sur (1979) y Un polaco en la corte del rey Juan Carlos (1996).
- Eduardo Mendoza (1943): Es uno de los principales novelistas de los últimos años. Comienza su carrera literaria en 1975 con La verdad sobre el caso Savolta, caracterizada por la intriga y la acción. En una línea parecida, aunque más cerca de la novela policíaca, publica El misterio de la cripta embrujada (1979) y El laberinto de las aceitunas (1982). La ciudad de los prodigios (1986) es otra de sus grandes novelas.
- Luis Landero (1948): Comienza a escribir bastante tarde. Tres de sus novelas sirven para situarlo entre los mejores novelistas actuales: Juegos de la edad tardía (1989), Caballeros de fortuna (1994) y El mágico aprendiz (1999).
- Arturo Pérez Reverte (1951): Ha ejercido como corresponsal de guerra de Televisión Española durante la mayor parte de su vida. Deja esta profesión para dedicarse exclusivamente a la literatura. Publica novelas basadas principalmente en hechos históricos, como La tabla de Flandes (1990), La sombra del águila (1993) o la serie de novelas basadas en el capitán Alatriste: El capitán Alatriste (1996), Limpieza de sangre (1997), El sol de Breda (1998), El oro del rey (2000) y El caballero del jubón amarillo (2003).
- Julio Llamazares (1955): Triunfa en 1985 con Luna de lobos. Esta novela narra la historia de cuatro combatientes republicanos (maquis) huidos a las montañas al término de la Guerra Civil, donde tienen que sobrevivir. Su título más conocido es La lluvia amarilla (1988), sobre el abandono del mundo rural.
- Antonio Muñoz Molina (1956): Se trata de uno de los novelistas más importantes de la actualidad. En sus novelas suele mezclar elementos policíacos, históricos y misteriosos. Comienza su carrera en 1986 con Beatus ille. El éxito le llega muy pronto, ya que recibe el Premio Nacional de Literatura dos veces, una en 1988 por El invierno en Lisboa, y otra en 1991 por El jinete polaco, que también recibió el premio Planeta. En Beltenebros (1989) desarrolla sus facultades de escritor de novela policíaca

LA NARRATIVA DESDE 1940 A LOS AÑOS 70

 
1) NARRATIVA DE LOS AÑOS 40
En los años 40 la novela española tuvo que cargar con las consecuencias de la Guerra Civil (1936-1939), que alteró la vida cultural española. Se produjo el exilio de muchos novelistas, como Ramón J. Sender, Pérez de Ayala o Rosa Chacel. Además del exilio físico, se produjo un exilio interior, porque España permaneció aislada de la cultura occidental. Este exilio interior se produjo por varias causas: rigor y arbitrariedad de la censura (fueron prohibidas novelas como La familia de Pascual Duarte, de Cela, o Javier Mariño, de Torrente Ballester); la prohibición de las novelas de los grandes renovadores de la novela contemporánea (Proust, Joyce, Kafka y Faulker); proliferación de una literatura nacionalista, glorificadora del régimen y favorecida desde el poder; la crítica parcial y mediatizada por quienes carecían de preparación para ello; y la manipulación durante estos años de la concesión de premios literarios (aunque también se entregaron premios importantes que descubrieron a espléndidos novelistas, como el premio Nadal que se concedió a la novela Nada de Carmen Laforet).
En estos años existe la necesidad de encontrar una nueva estética, diferente a la de la novelística anterior a la Guerra Civil. En la novela de los años 40 podemos distinguir tres vertientes: la novela de los vencedores (con obras como La fiel infantería, de Rafael García Serrano, y Javier Mariño, de Torrente Ballester), el neorrealismo y la novela existencial. Nos centraremos en esta última.
En la novela existencial se describe la realidad destacando el malestar y la angustia vital de la sociedad, la soledad, el desarraigo y el desconcierto ocasionados por la Guerra Civil. Entre las novelas destacan Nada (1945), de Carmen Laforet, considerada un claro precedente del neorrealismo de los años 50, y La sombra del ciprés es alargada (1948), de Miguel Delibes. En ocasiones, esta novela muestra la violencia a la que se puede llegar como consecuencia de la opresión del medio social: es el caso del desgraciado protagonista de La familia de Pascual Duarte (1942), de Camilo José Cela, denominada novela tremendista, por la sucesión de hechos brutales y truculentos que aparecen en ella. Otras obras destacadas son: La sombra del ciprés es alargada (1948), de Miguel Delibes; Javier Mariño (1943), de Gonzalo Torrente Ballester; El bosque animado (1943), de Wenceslao Fenández Flórez; etc.
2) LA NOVELA DE LOS AÑOS CINCUENTA
Siguiendo el modelo del realismo de Cela, Delibes o Laforet, durante los años cincuenta surgen bastantes autores que comienzan a publicar novelas con una clara finalidad crítica y con voluntad social. Utilizan la técnica objetivista, es decir, se limitan a contar lo que ven sin intervenir en la narración. Esta tendencia, de todos modos, no será general, y por ello se distinguen dos grupos: realismo objetivista y realismo social.
Realismo objetivista:
Los autores pertenecientes a esta tendencia reflejan la realidad cotidiana tal y como la perciben. Escriben sobre la pobreza, la miseria, la injusticia social o la soledad, llevados por una solidaridad humanitaria exenta de partidismos políticos. En estas novelas hay poca acción y mucho diálogo, condensación espacial y temporal, personajes colectivos (clase social) y linealidad narrativa (sin saltos) con pequeñas anécdotas. La novela que inaugura esta tendencia es La colmena, de Camilo José Cela (publicada en 1951 en Buenos Aires a causa de su prohibición en España), ambiciosa novela, con más de 300 personajes que, en forma de protagonista colectivo, representa la amarga existencia de la ciudad de Madrid en la inmediata posguerra a lo largo de tres días escasos del año 42. A diferencia de la novela tradicional no tiene un asunto compacto y su autor ha prescindido del desarrollo de un hilo argumental; se trata de una novela abierta, sin desenlace, que presenta una imagen panorámica de la vida diaria madrileña. El autor se mantiene al margen y cuenta todo lo que hacen y dicen sus personajes, sin intervenir: es la denominada técnica objetivista. A pesar de todo, se considera que esta novela abre el camino a la novela social que se desarrolla durante los años cincuenta.
Entre los máximos representantes de esta tendencia (además de Cela) destacan: Ignacio Aldecoa, con El fulgor y la sangre (1954); Carmen Martín Gaite, que gana el premio Nadal con Entre visillos (1956); Miguel Delibes con El camino (1950), Diario de un cazador (1955) y Las ratas (1962); Ana María Matute, con Pequeño teatro (1954); Rafael Sánchez Ferlosio, con El Jarama (1956); Jesús Fernández Santos realiza una crítica del caciquismo en Los bravos (1954); etc.
Realismo social:
El compromiso social de los autores que forman este grupo es bastante más profundo que los anteriores, ya que conciben la literatura como un instrumento de denuncia. Continuamente se ven limitados por la censura y por la falta de libertad de expresión. Escriben del lado de los obreros y de los habitantes de los suburbios y critican a la clase burguesa, acomodada e ineficaz. Estos autores, surgidos a finales de los cincuenta o principios de los sesenta, están comprometidos políticamente y dejan a un lado la imaginación para centrarse en el objetivismo. Destacan: Juan García Hortelano, Juan Marsé, Juan Goytisolo (con Juegos de manos, de 1954), Luis Goytisolo, José Manuel Caballero Bonald, etc.
3) LA NOVELA DE LOS AÑOS SESENTA
Durante la década de los sesenta no se pierde la novela comprometida socialmente, aunque ya desde los últimos años de la década de los cincuenta se detecta un cierto agotamiento de esta tendencia y una clara evolución hacia la experimentación y la renovación. Con el descubrimiento de la novela hispanoamericana (La ciudad y los perros, Rayuela, Cien años de soledad) y la influencia de los grandes renovadores de la novela universal (Proust, Joyce, Kafka, Faulkner), y a partir de la publicación en 1962 de Tiempo de silencio, de Martín Santos, se generaliza la novela experimental, que se caracteriza por: la novela abierta; ruptura de la linealidad temporal en el relato (técnicas como el flash-back, analepsis, prolepsis), supresión de los signos de puntuación, mezcla de géneros, perspectiva múltiple (monólogos, estilo indirecto libre, se alterna el punto de vista objetivo con la primera y segunda persona), desaparición casi total del argumento, utilización del contrapunto (se suceden fragmentos de acciones distintas ocurridas en diversos tiempos o espacios), presencia de personajes con problemas de identidad, renovación del lenguaje literario, etc.
Dos novelas son consideradas los modelos de las nuevas tendencias: Tiempo de silencio (1962) de Luis Martín Santos y Señas de identidad (1966) de Juan Goytisolo. La primera supone el inicio de la renovación intelectual de esta década, puesto que introduce en España las innovaciones técnicas de la novela experimental moderna. Otros títulos son: Volverás a Región (1967), de Juan Benet; Cinco horas con Mario (1966) y Los santos inocentes (1971), ambas de Miguel Delibes; San Camilo 1936 (1969), de Cela; Últimas tardes con Teresa (1967), de Juan Marsé; etc.

FICHA DE LECTURA: LOS GIRASOLRES CIEGOS


FICHA DE LECTURA: LOS GIRASOLES CIEGOS


EL AUTOR 
Alberto Méndez (1941-2004) nació en Madrid, donde transcurrió su infancia. Estudió el bachillerato en Roma y se licenció en Filosofía y Letras en la Universidad Complutense de Madrid. Persona de izquierdas, militó en el Partido Comunista hasta 1982. Trabajó en grupos editoriales nacionales e internacionales. Con Los girasoles ciegos, su primer y único libro, publicado a sus 63 años, ganó el Premio Setenil 2004. También fue galardonado, a título póstumo, con el Premio Nacional de Narrativa y el Premio de la Crítica en 2005. Aunque no se dedicó a la literatura hasta sus últimos años, Méndez colaboró en estrecha relación con ella, ya que trabajó en la industria editorial y colaboró en puestos dramáticos y guiones de cine.
SU OBRA 
Los girasoles ciegos es el único libro escrito por Alberto Méndez, escrito en 2004 y publicado por la editorial Anagrama. La obra se convirtió rápidamente en el fenómeno editorial del año de su publicación. Ambientada en la guerra civil española, la obra inspiró la película homónima dirigida por José Luis Cuerda.
ARGUMENTO  
La narración se basa en cuatro historias que discurren paralelas y ligeramente interrelacionadas. Un capitán del bando nacional que, el mismo día de la victoria, renuncia a ganar la guerra; un poeta adolescente que huye de la guerra junto a su joven compañera embarazada, viviendo una vertiginosa historia de madurez y muerte en el breve plazo de unos meses; un preso republicano en una cárcel franquista que se niega a vivir en la impostura para que el verdugo pueda ser calificado como tal; y un republicano oculto en un escondite de su casa en los años posteriores al fin de la guerra civil, a cuya familia ronda un cura lascivo.

ESTRUCTURA
 La obra se compone de cuatro relatos: “Si el corazón pensara dejaría de latir”, “Manuscrito encontrado en el olvido”, “El idioma de los muertos” y el que da título al libro: “Los girasoles ciegos”.
“Primera derrota: 1939 o Si el corazón pensara dejaría de latir”: este relato contiene la historia de un militar, Carlos Alegría, durante la Guerra Civil española, del bando franquista en la batalla de Madrid, que se rinde a los republicanos cuando las tropas golpistas están entrando en la capital. Esta postura no es entendida por ninguno de los dos bandos, pero el oficial lo explica, entre muchas otras razones aparentemente arbitrarias, porque sus correligionarios no querían ganar la güera, sino matar al enemigo.
“Segunda derrota: 1940 o Manuscrito encontrado en el olvido”: es el diario de un joven que huye de las tropas franquistas, junto con su mujer embarazada. En su viaje hacia Francia, se ve atrapado en una cabaña en las montañas entre Asturias y León, donde ve morir a su mujer en el parto, quedándose al cuidado de su bebé, sin ayuda ni medios.
“Tercera derrota: 1941 o El idioma de los muertos”: El tercer relato, o tercera derrota, gira alrededor del soldado republicano Juan Senra. Cuando el presidente del tribunal que debe juzgarlo y su mujer se enteran de que el soldado enemigo conoció y vio morir a su hijo (un ser abyecto que fue fusilado por sus múltiples delitos) le conminan a que hable sobre ese hijo. Intentando arañar unos días más a la existencia, convierte al joven traidor en el héroe que quieren los padres. Mas la impostura pronto le asquea y cuenta la verdad. Verdad que indefectiblemente le llevará a la muerte.
“Cuarta derrota: 1942 o Los girasoles ciegos”: la historia, o la cuarta derrota, que cierra el libro transcurre en la opresiva vida cotidiana del nuevo régimen. En ella se habla de Ricardo, un “topo” al que toda la familia protege entre miedos y silencios. Desde el armario en el que vive encerrado contempla impotente y horrorizado el acoso libidinoso que sufre su mujer por parte de un diácono, profesor del hijo del matrimonio. El final es dramático y desolador.

TÉCNICA NARRATIVA 

Los personajes se entrecruzan en los relatos, lo cual da cierta continuidad al libro. Así, por ejemplo, el final del capitán Alegría lo descubrimos en el tercero, ya que comparte cárcel con Juan Senra, el soldado republicano que va rascando días a la vida, inventándose historias sobre Miguel Eymar, hijo del coronel y su esposa, por la coincidencia de haberlo conocido. Por otro lado, el segundo y cuarto relato tienen como hilo conductor a Elena, amada de un poeta de diecisiete años que muere en la huida tras dar a luz en el segundo cuento, y en el cuarto y último (que da título al libro) encontramos que es hija de un intelectual republicano, escondido en un armario hasta poder huir con su esposa y su hijo.
El lenguaje utilizado cambia de un relato a otro. Méndez intercala pasajes escritos por los propios protagonistas, con narrador en tercera persona o documentos oficiales asépticos, lo que proporciona gran ligereza a los cuentos.

martes, 18 de abril de 2017

RELACIONES SINTÁCTICAS



RELACIONES SINTÁCTICAS

José había asistido a algunas corridas de toros y a algunas novilladas con gran amor al espectáculo, pero con poca o ninguna afición al oficio de torero. Jamás había pensado en ser torero.



El enunciado se compone de dos oraciones. La primera oración es simple, con un sujeto (“José”) y un predicado, que es el resto de la oración; este predicado contiene tres nexos coordinantes (“y”, “pero” y “o”), que no unen oraciones, sino elementos sintácticos de la misma estructura dentro de la oración. La segunda oración (“Jamás había pensado en ser torero”) es compuesta, que tiene un sujeto omitido (“José”) y un predicado que contiene una proposición subordinada sustantiva en construcción de infinitivo, en función de complemento de régimen (“en ser torero”).

ANÁLISIS SINTÁCTICO



ANÁLISIS SINTÁCTICO
Se podría justificar la oscuridad de la terminología médica si pensamos que con ella se tratan asuntos de vida o muerte en que la responsabilidad es grande.

El enunciado lo forma una oración compuesta que tiene una proposición principal, apódosis, en tanto que indica la consecuencia de lo expresado por la condición (“Se podría justificar la oscuridad de la terminología médica”) y una proposición subordinada, prótasis, que introduce la hipótesis mediante la conjunción (nexo) “si”, en cuyo interior encontramos una subordinada sustantiva en función de C. Directo dependiendo del verbo “pensamos”, que a su vez contiene una proposición subordinada adjetiva o de relativo en función de complemento del nombre.

El sintagma nominal sujeto de la apódosis es “la oscuridad de la terminología médica” y el predicado el resto de la proposición. El sujeto, puesto que el “se” es un índice de pasiva refleja (aunque más adelante veremos que también tiene otra interpretación), es paciente; el núcleo de sujeto es el sustantivo “oscuridad”, que va acompañado de un sintagma preposicional en función de complemento del nombre (CN): “de la terminología médica” (“de”: enlace, preposición y “la terminología médica”: sintagma nominal, término, cuyo núcleo, “terminología”, va acompañado de un sintagma adjetival en función de complemento del nombre).

El núcleo del predicado de la apódosis es la perífrasis verbal “podría justificar”, que va precedida del índice de pasiva refleja “se”. La oración también podría interpretarse como impersonal, en cuyo caso el “se” sería un índice o morfema de impersonalidad, y el sintagma “la oscuridad de la terminología médica” funcionaría como complemento directo.

En cuanto a la prótasis, introducida por la conjunción “si”, consta de un sujeto omitido (1ª personal del plural), siendo su predicado el resto de la proposición (“pensamos que con ella… es grande”). El núcleo del predicado es el verbo “pensamos”, del que depende una subordinada sustantiva en función de complemento directo, introducida por la conjunción “que”. Esta subordinada sustantiva tiene un sujeto paciente: “asuntos de vida o muerte en que la responsabilidad es grande” y un predicado: “con ella se tratan”. El sujeto es el sustantivo “asuntos”, del que dependen dos complementos del nombre: el sintagma preposicional “de vida o muerte” (“de”: enlace, preposición, y “vida o muerte”: sintagma nominal con dos núcleos unidos por la conjunción disyuntiva “o”) y la subordinada adjetiva o de relativo, especificativa “que la responsabilidad es grande”, precedida por el enlace preposicional “en”. Esta subordinada adjetiva está introducida por la conjunción “que” (nexo), cuyo antecedente es “asuntos”; el sujeto de esta subordinada es el sintagma nominal “la responsabilidad”, y el predicado “en que es grande”, cuyo núcleo es el verbo “es”, que va complementado por dos complementos: el sintagma adjetival “grande” en función de atributo y el sintagma preposicional “en que”, en función de complemento circunstancial de lugar. Por último, el predicado de la subordinada sustantiva es el sintagma verbal “con ella se tratan”, cuyo núcleo es el verbo “tratan”, acompañado de un índice o morfema se pasiva refleja (“se”) y un sintagma preposicional en función de complemento circunstancial de instrumento (“con ella”: “con” enlace, preposición y “ella”: sintagma nominal, pronombre personal”).

jueves, 6 de abril de 2017

ANÁLISIS SINTÁCTICO



ANÁLISIS SINTÁCTICO


La familia se arrepintió de aquella compra cuando comprobó que el viejo piso tan pequeño era mucho mejor



Se trata de una oración compuesta en cuyo interior encontramos dos proposiciones subordinadas: una subordinada adverbial temporal y, dentro de esta, una subordinada sustantiva en función de C. Directo.


Como toda oración, se compone de un sujeto y un predicado. El sujeto es el sintagma nominal “La familia” (“la”: determinante y “familia”: núcleo), y el predicado es el resto de la oración. El núcleo del predicado es el verbo “se arrepintió”, por lo que el “se” es un morfema de verbo pronominal. Este núcleo del predicado va acompañado de dos complementos: un sintagma preposicional en función de C. Régimen (“de aquella compra”) y una proposición subordinada adverbial de tiempo, en función de C. C. Tiempo, que se une a la proposición principal mediante el nexo “cuando”. Esta proposición subordinada adverbial temporal tiene un sujeto elíptico (“la familia”) y un predicado, que sería el resto de la oración. El núcleo de la proposición subordinada adverbial es el verbo “comprobó”, y a ella se le une una segunda proposición, en este caso subordinada sustantiva, mediante la conjunción “que”, la cual actúa como nexo. Esta proposición subordinada sustantiva funciona a su vez como C. Directo del núcleo “comprobó”. Esta última proposición tiene un sintagma nominal sujeto: “el viejo piso tan pequeño”, que contiene un núcleo (“piso”) y dos adyacentes (“viejo” y “tan pequeño”), y un sintagma verbal predicado nominal: “era mucho mejor”, el cual contiene un sintagma adjetival en función de atributo (“mucho mejor”).