miércoles, 22 de marzo de 2017

LA LÍRICA DESDE LOS AÑOS 70 A NUESTROS DÍAS

 

1) LA POESÍA DE LOS AÑOS SETENTA: LOS NOVÍSIMOS
Los autores pertenecientes a esta promoción se sienten lejanos de la Guerra Civil y sus consecuencias, por lo que van olvidando paulatinamente los temas sociales y emprenden la búsqueda de nuevos caminos para la poesía, como el amor, el escepticismo, los motivos culturales o la libertad creativa.
En 1970 se produce un hecho cultural de vital importancia para fijar cuáles son los autores más destacados que se circunscriben a esta generación: José Mª Castellet publica una antología poética titulada Nueve novísimos poetas españoles, en la que aparecen: Vázquez Montalbán, Félix de Azúa, Pere Gimferrer, Ana María Moix, Vicente Molina Foix, Guillermo Carnero, Leopoldo María Panero, José María Álvarez y Antonio Martínez Sarrión, los cuales serán considerados desde ese mismo momento como los abanderados principales de las nuevas tendencias poéticas. Entre los rasgos más característicos señalamos:
- Esteticismo y culturalismo. Se busca un mundo de belleza poética mediante la evocación de figuras y motivos de la cultura elitista, refinada y aristocrática (Venecia, la Italia del Renacimiento, el simbolismo modernista).
- Recuperación de la poesía de vanguardia (surrealismo, escritura automática, collages y juegos con el lenguaje).
- Integración de la cultura de masas (el cine, la radio, el cómic, la canción, …).
- Rompen con la cultura tradicional e incorporan en sus poemas un gran número de motivos culturales, lo cual les ha valido el sobrenombre de culturalistas.
Entre los poetas más destacados del grupo de los Novísmos podemos citar a Manuel Vázquez Montalbán, Pere Gimferrer y Guillermo Carnero. Otros poetas afinas serán Luis Alberto de Cuenca y Luis Antonio de Villena.
● Manuel Vázquez Montalbán (1939-2003). Representa la renovación de la poesía de los setenta. Desde la publicación de Una educación sentimental (1967) hasta Praga (1982) no cesa de evolucionar en cuanto a los temas, los motivos y las formas poéticas. En 1973 publica dos de sus obras poéticas más importantes: Coplas a la muerte de mi tía Daniela y A la sombra de las muchachas en flor.
● Pere Gimferrer (1945). Es uno de los mejores representantes de la poesía culturalista cultivada por los poetas novísimos. Con 21 obtiene el Premio Nacional de Poesía con Arde el mar. La muerte en Beverly Hills (1968) es su obra más reconocida, en la que destaca la gran influencia del cine sobre el autor.
Guillermo Carnero (1947). Tanto él como Pere Gimferrer han sido calificados como poetas venecianos por su esteticismo y su cuidado de la elaboración poética. Entre sus obras destacan Dibujo de la muerte (1967), El sueño de Escipión (1971), El azar objetivo (1975) y Verano inglés (1999).
2) LA POESÍA DESDE LOS AÑOS OCHENTA HASTA HOY
Es bastante difícil decidir cuáles son los autores más destacados de los últimos años de nuestra literatura, ya que aún nos falta la necesaria perspectiva histórica para poder hacer una criba justa y correcta. Las características de la poesía de estos años son bastante diversas e, incluso, divergentes. No se aprecia una dirección única o una tendencia predominante; no obstante, podemos señalar algunas características de la poesía actual:
- No hay una voluntad clara de romper con la poesía anterior. Por el contrario, se detecta un respeto por la tradición literaria y un cierto continuismo de algunas tendencias poéticas, como el realismo crítico y la poesía de la experiencia.
- No se ha impuesto ninguna estética sobre las demás, por lo que el pluralismo poético es la nota predominante en este período.
- Una gran parte de los poemas suelen ser narrativos o, incluso, coloquiales, con lo que se acerca la lírica a la prosa.
Entre las diferentes tendencias poéticas que se pueden observar en este período se encuentran:
- La Poesía de la experiencia, de corte realista, que recupera la voluntad de compromiso ético de la tendencia poética de los 50 y los 60 a partir de la experiencia propia vivida, en un lenguaje sencillo y natural (Luis García Montero, Benjamín Prado, etc.).
- Neopurismo, afín a la mística y a la poesía pura (Jaime Siles).
- Neosurrealismo, que recupera el verso largo, las metáforas innovadoras y el mundo de la alucinación y el sueño adquiridos del surrealismo (Blanca Andreu).
- La Nueva épica, que ahonda en tiempos míticos para buscar los valores “auténticos” de una comunidad (Julio Llamazares).
- Poesía clasicista, propia de autores movidos por un anhelo de belleza que usan de una exquisita elaboración formal (Luis Antonio de Villena).
- Neoerotismo, línea seguida básicamente por escritoras que transforman los tópicos masculinos de la poesía amorosa, invirtiendo su punto de vista y destruyendo la imagen de la mujer elaborada por esa poesía (Ana Rossetti).
Entre los poetas pertenecientes a este periodo destacan: Antonio Gala, Luis Alberto de Cuenca, Jaime Siles, Luis Antonio de Villena, Andrés Sánchez Robayna y Luis García Montero.
● Luis Alberto de Cuenca (1950). Cultiva tanto la poesía clásica como las formas modernas, con lo que ha alcanzado un estilo realmente personal. Entre sus obras destacan La caja de plata (1985), El otro sueño (1987) y El hacha y la rosa (1993).
● Jaime Siles (1951). Se inspira en elementos filosóficos y utiliza un lenguaje depurado e intenso, en el que encontramos pocos recursos literarios. Entre sus obras destacan: Canon (1973), Música de agua (1983), Poemas al revés (1987) e Himnos tardíos (1990).
● Luis García Montero (1958). Es el principal representante de la poesía del realismo crítico. Sus obras más destacadas son: Y ahora ya eres dueño del puente de Brooklyn (1980), Tristia (1982), Diario cómplice (1987), Habitaciones separadas (1994) y Completamente viernes (1998).
En la transición del siglo XX al XXI, aún tenemos menos perspectiva para destacar tendencias y autores consagrados. De algún modo persisten las de finales de los setenta y la poesía de la experiencia. Los nombres más recientes se recogen en la antología La Generación del 99 (1999), de José Luis García Martín.

LA LÍRICA DESDE 1940 A LOS AÑOS 70

 

La vida cultural y literaria de España tras la Guerra Civil española (1936-1939) está marcada por dos hechos: la ruptura con las manifestaciones literarias anteriores y el exilio de una gran parte de nuestros escritores (Juan Ramón Jiménez, Salinas, Alberti, Cernuda…).

1) LA LÍRICA EN LOS AÑOS CUARENTA

Durante estos años, los efectos de la Guerra Civil están presentes en los temas de nuestros poetas. Hay una rehumanización de la literatura: el ser humano y sus circunstancias existenciales son el centro de interés de las obras literarias. En los poemas se expresan la angustia personal, el caos y el dolor producido por la guerra.
En esta década, en España hay dos tendencias poéticas de signo opuesto, denominadas por Dámaso Alonso poesía arraigada y poesía desarraigada.
La poesía arraigada (o tendencia garcilasista) no pone de manifiesto la trágica realidad de la guerra ni sus consecuencias, sino que se refugia en un mundo intimista, en el que predominan la armonía y el orden. Trata temas heroicos, religiosos, familiares y clásicos (amor, belleza) a través de un lenguaje culto y recurriendo a metros y estrofas clásicas (soneto, canción, oda). Sus poemas se publicaban en la revista Garcilaso. A esta corriente pertenece un grupo de poetas que se identifican con los ideales de los vencedores de la guerra y que se denominan juventud creadora. Sus principales representantes son Luis Rosales, Leopoldo Panero y Dionisio Ridruejo.
La poesía desarraigada expresa con un lenguaje violento la desesperación y la angustia del poeta en un mundo desventurado. Esta tendencia se aleja del clasicismo y lo tradicional para ofrecernos una visión más pesimista de la vida: el desaliento del ser humano, la angustia y el dolor de las personas que se hallan sumidas en un mundo caótico y falto de esperanza. Los principales poetas de esta tendencia, que publican en la revista Espadaña, son Victoriano Cremer y Eugenio de Nora. Sin embargo, los dos libros que mejor definen esta corriente son Sombra del paraíso (1944), de Vicente Aleixandre, e Hijos de la ira (1944) de Dámaso Alonso, ambos pertenecientes a la Generación del 27.

2) LA POESÍA SOCIAL DE LOS AÑOS CINCUENTA

En la década de los cincuenta, en España se escribe una poesía de denuncia de las injusticias, de ausencia de libertad, de opresión y de acercamiento a las realidades menos amables de la existencia. A este tipo de poesía se le ha denominado poesía social, en la línea de lo que en la novela se denominará Realismo Social. El lenguaje se hace sencillo para poder ser entendido por todos, los temas se acercan a las preocupaciones de la gente de la calle y los autores intentan que lo más importante de sus poemas sea el mensaje que pretenden transmitir, es decir, el contenido, por encima de la forma poética. Por ello, emplean con frecuencia el verso libre y el versículo, aunque esto no impide que los poemas tengan una cuidada elaboración formal.
Los poetas más importantes de estos años son Blas de Otero, Gabriel Celaya y José Hierro.
· José Hierro (1922-2002) es quizás el más independiente, ya que no se le puede encuadrar totalmente en la poesía social. En 1947 publica sus primeros libros: Tierra sin nosotros y Alegría. Sus obras posteriores, Quinta del 42, Cuanto sé de mí, Libro de las alucinaciones y Cuadernos de Nueva York, entre otras, trazan una trayectoria poética marcada por una temática hecha de recuerdos melancólicos, paso del tiempo, amor a la vida…
· Gabriel Celaya (1911-1991) —su verdadero nombre era Rafael Múgica—, es el principal autor del realismo social de esta década. Sus comienzos románticos dejan paso a Tranquilamente hablando (1947), de lenguaje más coloquial. Sigue la tendencia social en libros como Las cartas boca arriba (1951) y Cantos iberos (1955). A partir de los años sesenta su poesía será más metafísica.
· Blas de Otero (1916-1979), se convirtió en uno de los poetas de mayor resonancia internacional. Su obra destaca tanto por la angustia e inquietud de su contenido como por la fuerza y crudeza de su forma. Cántico espiritual (1942) lo adscribe desde muy pronto a la poesía social. Le siguen Ángel fieramente humano (1950) y Redoble de conciencia (1951). La principal de sus obras, y quizás la más representativa de las preocupaciones sociales, es Pido la paz y la palabra (1955). 

En esta etapa tan diversa que va de 1940 a 1955 aproximadamente, se suele incluir también, por sus últimos años, a Miguel Hernández (1910-1942), representante de la generación rota por la guerra. Por edad no puede incluirse en la Generación del 27, pero al haber mantenido estrechas relaciones con estos poetas y su muerte temprana hicieron que Dámaso Alonso lo llamase “genial epígono”.
3) LA POESÍA DE LOS AÑOS SESENTA
La poesía social de los cincuenta extiende su influencia a través de los años sesenta, ya que su importancia social, estética e histórica es innegable. De todos modos, se comienza a percibir un cierto agotamiento de los temas y de las formas, con lo que algunos autores, aun siguiendo con el realismo social, pretenden buscar nuevos caminos poéticos. Entre los rasgos que caracterizan esta nueva poética podemos señalar:
- Rechazo del realismo social, al que consideran agotado en sus formas, en sus temas y en su eficacia para transformar la realidad. Ahora recuperan el intimismo, lo cotidiano.
- En cuanto a los temas, estos poetas indagan en su experiencia personal (la infancia, la adolescencia, el amor, la amistad, la soledad, el paso del tiempo o la naturaleza).
- Dignificación del lenguaje poético: aparece un nuevo lenguaje poético, más elaborado que el de la poesía social.
Este grupo está formado por “los niños de la guerra”, cuya nómina es muy extensa: Ángel González, José Manuel Caballero Bonald, José Mª Valverde, José Agustín Goytisolo, José Ángel Valente, Jaime Gil de Biedma, Claudio Rodríguez
· Ángel González (1925-2008). Se trata del mejor representante de la poesía social de los sesenta, ya que su obra es la continuación de los temas y las preocupaciones de Celaya o Blas de Otero. En su poesía encontramos también el tema del amor como uno de los predominantes, por lo que su poesía representa el paso de la poesía social a nuevos tonos. Inicia su andadura con Áspero mundo. Más tarde, la ironía se convertirá en uno de sus rasgos más destacados. Otras obras importantes son Palabra sobre palabra (1965) y Tratado de urbanismo (1967).
· José Manuel Caballero Bonald (1926) introduce en su poesía su propia biografía. Entre sus obras destacan Las adivinaciones (1952), Vivir para contarlo (1969) y Laberinto de fortuna (1984). En su obra aparece Andalucía frecuentemente. Utiliza un lenguaje barroco y muy cuidado, sin olvidar el tratamiento de temas sociales.
· Jaime Gil de Biedma (1929-1990) cultiva una poesía sincera y honesta, cercana a las preocupaciones cotidianas. Su lenguaje es coloquial y cotidiano. Su poesía destaca por la claridad y la fina ironía que sabe imprimir el autor en cada uno de sus poemas. Entre sus grandes obras destacan Compañeros de viaje (1959) y Las personas del verbo (1975), una recopilación de sus poesías.