lunes, 20 de febrero de 2017

EL TEATRO DEL SIGLO XX HASTA 1939

EL TEATRO DEL SIGLO XX HASTA 1939
En este período el desarrollo del teatro español ofrece una clara dicotomía: de una parte, un  teatro que goza del favor de un público burgués y de unos empresarios atentos a sus gustos (el teatro triunfante), y de otra parte un teatro que, tras repetidos intentos de renovación de las formas dramáticas, se estrella contra las barreras comerciales o el gusto establecido (se trata del teatro innovador).
1)    EL TEATRO QUE TRIUNFA
Podemos distinguir varias líneas:
a)    Teatro continuador del Realismo del siglo XIX, renovando algunos aspectos. Su principal representante es Jacinto Benavente, ejemplo claro de las concesiones al público burgués. Su primera obra, El nido ajeno, fue bien recibida por los jóvenes intelectuales, pero mal por la burguesía. Ante esta disyuntiva (ser autor de mayorías o de minorías) Benavente optó por amoldarse a los gustos mayoritarios, y se limita en sus obras a censurar pequeños vicios, sin hacer críticas totales. Sus mejores obras son Los intereses creados y su drama rural La Malquerida. Recibió el premio Nobel en 1922.
b)    Teatro poético en verso, neorromántico y con aportaciones formales del Modernismo, de orientación tradicionalista y muy conservador. Por su temática, es un teatro eminentemente histórico. Destacan Francisco Villaespesa, Eduardo Marquina y, con matices, los hermanos Machado (La Lola se va a los puertos).
c)    Teatro cómico, cuya intención es hacer pasar un buen rato. Es un teatro muy reiterativo en las formas de conseguir el humor: equívocos, juegos de palabras, etc. Destacan los hermanos Álvarez Quintero (representantes del teatro regionalista andaluz, que llevan a escena una Andalucía tópica y sin más problemas que los sentimentales, en obras como El patio o El genio alegre), Carlos Arniches (pintor de las costumbres madrileñas en sus sainetes y creador de la “tragedia grotesca”, donde se aúnan lo risible y lo conmovedor: La señorita de Trevélez) y Pedro Muñoz Seca (inventor de un nuevo género, el “astracán”, una parodia, en verso, del teatro posromántico: La venganza de don Mendo).

2)    EL TEATRO QUE PRETENDE INNOVAR
Los mejores autores de este tipo de teatro fueron Ramón Mª del Valle-Inclán y Federico García Lorca, pero debemos reseñar otros autores que plantearon en España un teatro distinto:
-    Unamuno escribe un teatro de ideas, que presenta los conflictos humanos que lo obsesionaban. Hay, por lo general, poca acción y casi total ausencia de elementos escénicos. Destacan Fedra, El Otro.
-    Jacinto Grau (El señor de Pigmalión) o Ramón Gómez de la Serna (Los medios seres) plantean también experiencias renovadoras.
-    Pedro Salinas (El dictador) y Rafael Alberti (Noche de guerra en el Museo del Prado), de la Generación del 27, incorporan técnicas de vanguardia, en un teatro escrito prácticamente en el exilio.
-    Enrique Jardiel Poncela y Miguel Mihura (este escribe sus Tres sombreros de copa en 1932, pero sólo la estrenaría veinte años más tarde) son los máximos exponentes de un grupo de autores que realizan una interesante labor de renovación en el teatro humorístico. Los dos alcanzan su máxima consideración tras la Guerra Civil.

Nos centraremos en las dos figuras que destacan en el panorama teatral español del siglo XX.
* Valle-Inclán
Ramón Mª del Valle-Inclán es uno de los autores más controvertidos, rigurosos, extravagantes y geniales que ha dado nuestra literatura. Se inició en el Modernismo (con las novelas de la serie de las Sonatas) y continuó, en una etapa intermedia, con las Comedias Bárbaras, híbridos entre novela y drama, difícilmente representables dada su gran longitud, cambios rapidísimos de escenario y extensas acotaciones escénicas. Su última etapa, la más lograda, es la de los esperpentos (cuyo significado habitual era “persona o cosa extravagante, desatinada o absurda”), entre los que sobresalen Divinas palabras y Luces de bohemia, ambas de 1920. El fundamento del esperpento, obras en las que se mezclan lo trágico y lo burlesco, lo encontramos en la escena XII de Luces de bohemia: “España es una deformación grotesca de la civilización europea”, “el sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada”; así, de la imposibilidad de la tragedia surge el esperpento. Luces de bohemia escenifica la última noche de vida del poeta Max Estrella, ciego bohemio, pobre y desafortunado, que deambula por las calles de Madrid camino de su muerte, recorriendo diversos lugares y dando cuenta de la crítica situación del país. Otros esperpentos son los recogidos bajo el título de Martes de carnaval (Los cuernos de don Friolera, Las galas del difunto y La hija del capitán).

* Federico García Lorca
García Lorca representa una de las más altas cumbres de la dramática española moderna. Su concepto renovador del arte escénico lo ha convertido en el dramaturgo español más conocido de todos los tiempos, un clásico cuyas obras aún continúan en los repertorios de las más conocidas compañías teatrales de todo el mundo.
Su primera obra teatral, El maleficio de la mariposa, data de 1920. Pero la mayor parte de sus obras teatrales pertenece a los años treinta, época que además coincide con las fechas en que viajó por España con su compañía La Barraca. En el teatro lorquiano la situación dramática surge con frecuencia del enfrentamiento entre autoridad y libertad: la autoridad puede estar encarnada en el orden, en la sociedad, en los padres; la libertad, en el deseo, el instinto, la imaginación. En cualquier caso, ese choque provoca frustración y conflicto.
El teatro de Lorca parte de tres principios: depurar el teatro poético, incorporar las tendencias vanguardistas y acercar el teatro al pueblo. La producción dramática de Lorca es muy variada: desde teatro de títeres y farsas, como el Retablillo de don Cristróbal, el Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín, o La zapatera prodigiosa, hasta dramas históricos, como Mariana Pineda, o un teatro innovador, de raíz surrealista, como El público o Así que pasen cien años. Y, por supuesto, las tragedias, que ocupan un lugar destacado en su producción. Lorca escribió tres tragedias: Bodas de sangre (sobre la pasión amorosa de dos jóvenes separados por odios familiares), Yerma (que recoge la tragedia de una mujer que cifra toda su felicidad en ser madre y, sin embargo, resulta estéril) y La casa de Bernarda Alba (en la que trata el autoritarismo de Bernarda Alba y el deseo de libertad de sus cinco hijas), considerada su obra maestra. Todas ellas se desarrollan en la Andalucía rural y recrean un ambiente donde los sentimientos y la libertad de los individuos chocan contra un muro de intolerancia levantado por la falsa moral.
La mujer es la protagonista principal del teatro lorquiano. Una mujer que representa el ansia de libertad en una sociedad patriarcal y machista, marcada por un destino trágico, por pasiones que se verán condenadas al olvido o al rechazo. Las obras representan la tragedia de toda persona condenada a la frustración en sus deseos más íntimos y a la marginación.

EL GÉNERO DRAMÁTICO



El género dramático comprende aquellas obras literarias, en verso o en prosa, que representan algún conflicto de los seres humanos por medio del diálogo de los personajes, y que van destinadas a ser representadas ante un público.
El género dramático tiene su origen en
Grecia, donde las representaciones teatrales, que poseían un carácter sagrado, estaban relacionadas con el culto a Dionisos. Durante la Edad Media el teatro se desarrolla en el interior de las iglesias, de donde proseguiría posteriormente en la calle a cargo de seglares. Con el Renacimiento resurge la tradición teatral, que se desarrolla ampliamente durante el Siglo de Oro. Será en el siglo XX cuando tengan lugar los cambios e innovaciones más radicales.
Entre las características del género teatral podemos destacar las siguientes:

- Representación del mundo exterior y objetivo, e interacción del hombre con ese mismo mundo.
- El drama exige la presencia física de la figura humana.

- Requiere unos actores que den vida a la obra en un escenario; si esto no ocurre, la obra no llega a ser teatro, se queda en literatura dramática.
- El discurso dramático tiene dos referentes: la historia y una serie de signos no lingüísticos que remiten a la historia.
- La acción dramática se presenta siempre como actualidad para el espectador, aunque la trama se sitúe en el pasado o en el futuro.

- Los episodios se subordinan, sin desvíos, a las exigencias de la dinámica del conflicto, por lo que son eliminados figuras superfluas y episodios laterales.
- Para describir al personaje, el dramaturgo recurre a la voz, al gesto, al silencio y a la escenificación.
- El estilo del drama es reiterado, insistente, y sirve a una acción que avanza sin desviaciones, lo cual está condicionado por el público teatral: el espectador no puede volver atrás para asistir a la representación de una escena que no ha comprendido.

En toda obra dramática encontramos los siguientes elementos: la acción, los personajes, el espacio, el tiempo, los apartes, las acotaciones, el autor y el público.

ACCIÓN: es el argumento
que se desarrolla en la representación. Dicha acción lleva consigo una necesidad de solución que llamamos tensión dramática de las situaciones y de los personajes. Entre los elementos de la tensión dramática destacan el clímax (intensificación del conflicto) y el anticlímax (declinación).
Desde el punto de vista externo es habitual separar la acción dramática en actos, llamados jornadas en el Siglo de Oro (normalmente tres, aunque también encontramos obras de cuatro o cinco actos), que, a su vez, se subdividen, según los matices de la tensión dramática, en las mínimas unidades de construcción: las escenas (cada vez que un personaje sale o entre en el escenario). No obstante, estas divisiones no son obligatorias.
PERSONAJES: son los dinamizadores de la acción dramática. Suelen aparecer agrupados en una lista al principio del texto escrito y caracterizados. Según el grado de importancia que adquieren los personajes en el desarrollo de la acción dramática se distinguen entre personajes principales (dentro de ellos se encuentran los protagonistas, que d
esempeñan la función fundamental dentro de la acción, y los antagonistas, que se oponen con sus actos a que avance la acción) y personajes secundarios. También suele distinguirse entre personajes tipo, que son personajes estereotipados, sin complejidad psicológica, y cuya conducta se adapta a un parámetro preestablecido, y personajes de carácter o individuo, con una rica psicología que evoluciona a lo largo de la obra.
Ante la desaparición del hablante narrador característico de la novela, la comunicación entre los personajes la representa el diálogo. Los personajes se definen por lo que dicen, por lo que hacen, por cómo se relacionan, pero también por lo que los demás personajes nos dicen y por su relación con estos. Estos personajes se expresan por medio de la palabra y otros signos (contenidos en las acotaciones). La palabra dramática es representada por el diálogo, que va modelando los caracteres de los personajes, o por el monólogo, que generalmente realiza uno de los personajes que
queda a solas en el escenario y que exterioriza su mundo interno, oculto.
A propósito de la palabra, es importante el decoro —procedente del teatro del Siglo de Oro—, es decir, que la forma de expresarse el personaje debe ser adecuada a este.
TIEMPO: este se trifurca en: tiempo dramático, que es el tiempo que dura la representación (en torno a las dos horas); tiempo de la ficción, o de la acción, el cual no tiene por qué ser lineal, pudiendo existir saltos, hiatos, premoniciones, analepsis y prolepsis; y tiempo aludido o época en que se desarrolla la acción dramática, referencias culturales que no se dan en la obra, pero que nosotros conocemos.
ESPACIO: este se divide en: espacio escénico, o lugar donde se desarrolla la obra (arquitectura teatral), y espacio dramático, o lugar donde transcurre la acción, en relación con el tiempo aludido o época.

APARTES Y ACOTACIONES: además del diálogo y el monólogo también son importantes los apartes, intervenciones verbales de un personaje que los demás personajes no oyen; y las acotaciones, indicaciones del autor de la obra —pueden referirse a gestos, vestuario, tono de voz, objetos, etc.—destinadas a clarificar la comprensión o el modo de representación de la obra.
AUTOR, que crea la obra, la cual es adaptada por el DIRECTOR según su sensibilidad.
PÚBLICO: es el que paga y sostiene el espectáculo.


El género dramático se subdivide en géneros mayores (tragedia, come
dia y drama) y géneros menores (farsa, paso, entremés, vodevil, sainete, auto sacramental, etc.).

domingo, 19 de febrero de 2017

GUÍA DE LECTURA: EL ÁRBOL DE LA CIENCIA




GUÍA DE LECTURA: EL ÁRBOL DE LA CIENCIA

  1. EL AUTOR Y SU OBRA

Resultado de imagen para PIO BAROJAPío Baroja nació en San Sebastián en 1872 y murió en Madrid en 1956. Estudió Medicina y se doctoró con una tesis sobre El dolor, pero ejerció poco tiempo como médico. En Madrid regentó la panadería de su tía, pero pronto sus contactos con escritores lo llevaron a entregarse de lleno a su vocación literaria. Viajó por distintos países de Europa y en 1935 ingresa en la Real Academia. Durante la Guerra Civil vivió en Francia, y a partir de 1940 se instaló definitivamente en Madrid, donde recuperó su vida sosegada y su quehacer cotidiano.
Bajora fue un hombre de talante solitario y amargado (él mismo se calificaba como un hombre “enfermo” por tener más sensibilidad de la necesaria). En su obra proyecta su pesimismo sobre el hombre y el mundo (influenciado por Nietzsche, Kieerkegaard y Schopenhauer, especialmente), pero a la vez es capaz de sentir una inmensa ternura por los seres desvalidos o marginados. Para Baroja, el mundo carece de sentido; la vida le resulta absurda y no alberga ninguna confianza en el hombre. Esto, unido a su escepticismo religioso (motivos recurrentes en la crisis de principios de siglo),  explican la desazón existencial y el hastío vital de muchos de sus personajes. A su vez, sintió siempre una añoranza de acción; en muchos de sus personajes proyectaría un ideal de “hombre de acción” que a él le hubiese gustado ser y que tanto contrasta con lo que fue su vida.
Resultado de imagen para PIO BAROJABaroja fue un escritor fecundísimo. Su producción se compone de más de setenta novelas (escritas al ritmo de unas dos por año), la mayoría agrupadas en trilogías. Se ambientan preferentemente en el País Vasco o en Madrid. Sus protagonistas son con frecuencia seres abúlicos e inadaptados, abocados al fracaso (como Andrés Hurtado, el protagonista de El árbol de la ciencia); otros, en cambio, se distinguen por su carácter dinámico y aventurero (Martín Zalacaín, de Zalacaín el aventurero). También escribió Memorias de un hombre de acción, 22 volúmenes que constituyen una historia novelada de nuestro siglo XIX a través de la vida de su protagonista. Finalmente escribió numerosos cuentos, novelas cortas, ensayos, libros de viajes, biografías e incluso obras dialogadas y un libro de versos.  

  1. GÉNESIS Y SIGNIFICACIÓN DE LA NOVELA

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Baroja consideró El árbol de la ciencia como la mejor de sus novelas. Para Azorín, este libro “resume, mejor que ningún otro libro, el espíritu de Baroja”. La novela –escrita en 1911– tiene mucho de autobiografía y refleja perfectamente la sensibilidad y los conflictos espirituales de su época.  Muchos la consideran no solo como la novela más barojiana, sino como la más típica de la generación del 98; para otros, la novela es precursora de los temas de las corrientes existencialistas contemporáneas. El propio Baroja la definió como una novela filosófica; los conflictos existenciales constituyen, en efecto, el centro de la obra.

  1. ARGUMENTO: HISTORIA DE UNA DESORIENTACIÓN EXISTENCIAL
La novela desarrolla la vida de Andrés Hurtado, un personaje perdido en un mundo absurdo y en medio de circunstancias adversas que constituyen una sucesión de desengaños. El ambiente familiar hace de Andrés un muchacho reconcentrado y triste; su sed de conocimiento choca con el ambiente universitario: la universidad y la ciencia españolas atraviesan un estado lamentable. Su contacto con los enfermos de los hospitales y su descubrimiento de miserias y crueldades constituyen un nuevo motivo de depresión. Al margen de sus estudios, Andrés descubre nuevas lacras: las que rodean a Lulú, la mujer que ocupará un puesto esencial en su vida; la larga enfermedad y posterior fallecimiento de su hermano pequeño, Luis, lo que lo conducirá hacia el escepticismo ante la ciencia y la vida en general. Todo en su vida está abocado a un callejón sin salida: el ambiente deforme del pueblo en donde comienza a ejercer como médico le produce un malestar continuo; Madrid también le produce angustia. Andrés se convierte en un espectador de la injusticia social, lo que lo lleva a un absoluto pesimismo en la vida y en el hombre; se aísla cada vez más y adopta una postura pasiva en busca de una paz desencantada (es la abulia noventayochista). Su matrimonio con Lulú le traerá una paz transitoria, que pronto llegará a su fin con la muerte de su hijo y de su mujer, definitivo desengaño que llevará a Andrés al suicidio.


  1. ESTRUCTURA
La novela se compone de siete partes que suman 53 capítulos de extensión generalmente breve. La figura de Andrés Hurtado da unidad al relato. Su trayectoria va hilvanando multitud de elementos (tipos, anécdotas, disquisiciones…) con esa libertad tan característica del estilo de Baroja. La obra se podría dividir en dos ciclos o etapas de la vida del protagonista: una primera etapa (partes I-III) dedicada, por un lado, a las primeras experiencias y formación del protagonista (partes I-II), y, por otro, al desengaño a raíz de la enfermedad y muerte del hermano. A continuación le sigue un intermedio reflexivo (parte IV), para continuarse con el segundo ciclo (partes V-VII), con la búsqueda infructuosa de una solución vital, el matrimonio, la muerte de su hijo y de su mujer y su posterior suicidio.

  1. LOS PERSONAJES
  • Andrés Hurtado es el personaje protagonista. Es un personaje antisocial que odia la sociedad, siente desprecio por los ricos (aunque tampoco siente demasiada simpatía por los pobres). Se siente solo incluso entre su familia. Aunque eligió la carrera de medicina, no acaba satisfaciéndolo debido a su contacto con las personas. Sus ansias de aprender lo llevan a pensar mucho en cuestiones filosóficas que discutía siempre con su tío Iturrioz. Estas preguntas lo perturbaban interiormente y finalmente acaban con su vida. La muerte de su mujer, Lulú, después de tener un niño muerto, lo hunden en una depresión que no soporta y opta por suicidarse.
  • Lulú es uno de esos espléndidos tipos de mujer que son frecuentes en Baroja, quien la presenta como “un producto marchito por el trabajo, por la miseria y por la inteligencia”; es graciosa y amarga, lúcida y mordaz. Tiene un fondo muy humano y muy noble, y muestra una singular ternura por los seres desvalidos. Por encima de todo, valora la sinceridad y la lealtad.
  • Otros personajes son: el padre de Andrés, despótico y arbitrario; Alejandro, el hermano al que Andrés no soporta; Aracil, cínico y vividor sin escrúpulos; el hermano Luisito, que fallece tras una dura enfermedad; Iturrioz, el filósofo; Montaner, el amigo con aires de aristócrata que acaba pobre y humillado; Fermín Ibarra, el chico enfermo de artritis…
La galería de personajes es amplísima: profesores, estudiantes, enfermos, personal sanitario, amigos y vecinos de las Minglanillas, gentes del pueblo, etc. Podría hablarse de personajes colectivos, en tanto que su papel esencial es la constitución de una atmósfera insustituible. Los personajes principales son redondos, puesto que evolucionan a lo largo de la obra; en cambio, en los personajes secundarios normalmente la figura se nos da hecha de una vez por todas.

  1. LA REALIDAD ESPAÑOLA QUE PROYECTA LA NOVELA

Resultado de imagen para el arbol de la ciencia pio barojaLos personajes y ambientes de la novela constituyen un mosaico de la vida española de la época. Son los años en torno al desastre del 98. Así, a propósito de los estudios de Andrés, se traza un cuadro sombrío de la pobreza cultural del país (se insiste en la ineptitud de los profesores y en el desprecio por la ciencia y la investigación). En relación a los aspectos sociales, se muestran las más diversas miserias y lacras sociales.
Por otro lado, la novela proyecta la oposición campo/ciudad: el mundo rural (Alcolea del Campo) se muestra inmóvil y presidido por la insolidaridad y la pasividad ante las injusticias; también se denuncia el caciquismo, que conlleva la ineptitud o rapacidad de los políticos. La ciudad (Madrid) también se caracteriza por la miseria, con la que se codea la despreocupación de los pudientes y de los “señoritos juerguistas”. Ante esta injusticia social, Andrés siente una cólera impotente.

  1. EL ESTILO
El estilo es coherente con el ideal barojiano de espontaneidad narrativa. El autor lleva al extremo la tendencia antirretórica de los noventayochistas. El autor siente preferencia por la frase corta y el párrafo breve; se caracteriza por la prosa rápida, nerviosa, vivísima, con un tono agrio, en correspondencia con el temperamento amargado de su autor. Como contrapunto, con frecuencia aparecen inesperadas páginas de inmensa ternura. Destaca la viveza y amenidad del relato, así como el especial relieve de sus descripciones: en general, son pinturas rápidas, hechas de pinceladas escuetas que, con unos detalles significativos, producen en el lector una intensa impresión de realidad (técnica impresionista). Por último, la naturalidad barojiana alcanza manifestaciones eminentes en la autenticidad conversacional de los diálogos (con frecuencia aparecen términos coloquiales y vulgarismos), en que el autor se muestra como maestro insuperable. 

GUÍA DE LECTURA: LUCES DE BOHEMIA





GUÍA DE LECTURA: LUCES DE BOHEMIA

  1. EL AUTOR
Resultado de imagen para valle inclanRamón María del Valle-Inclán nació en Villanueva de Arosa (Pontevedra) en 1866 y murió en Santiago de Compostela en 1936. Fue una de las personalidades más interesantes de la generación del 98. Comenzó la carrera de Derecho, pero antes de finalizar sus estudios marchó a México. De regreso, en Madrid lleva una vida bohemia; tras una disputa con un periodista hubo de amputársele el brazo izquierdo. Su fama va creciendo, tanto por su arte como por multitud de anécdotas de su vida excéntrica. En 1907 se casa con la actriz Josefina Blanco, de la que se separa en 1933. Su dedicación a la literatura es absoluta. Fue nombrado presidente del Ateneo de Madrid y director de la Academia de Bellas Artes de Roma.
En palabras de Ramón Gómez de la Serna, Valle-Inclán fue “la mejor máscara a pie que cruzaba la calle de Alcalá”. Su figura era inconfundible: manco, con melenas y barbas largas, con capa, chambergo y chalina. Pero, por debajo de su excentricidad bohemia, se oculta, de un lado, un violento inconformismo y, de otro, una entrega rigurosa a su trabajo de escritor en permanente persecución de nuevas formas.

  1. SU OBRA
La producción de Valle-Inclán es considerable y variada: novelas, cuentos, teatro, poesía... En todos estos géneros observamos una singular evolución de un Modernismo elegante y nostálgico a una literatura crítica, basada en una feroz distorsión de la realidad. Entre sus primeras obras destacan libros de relatos, como Corte de amor y Flor de santidad, ambientados en su Galicia natal. Su producción cumbre de esta primera etapa son las Sonatas (1903-1905) (Sonata de otoño, Sonata de estío, Sonata de primavera y Sonata de invierno), compuestas en una prosa rítmica, refinada y rica en efectos sensoriales. A las Sonatas le sigue el ciclo de las Comedias bárbaras: Águila de blasón (1907), Romance de lobos (1908) y Cara de plata (1922), ambientadas en el mundo rural gallego. La evolución estilística se acentúa en la trilogía La guerra carlista (1908-1909). En la línea modernista escribe su libro poético Aromas de leyenda (1907). El año 1920 es una fecha capital en la trayectoria del autor; en ese año publica cuatro obras decisivas: Farsa italiana de la enamorada del rey, Farsa y licencia de la Reina Castiza, Divinas palabras y Luces de bohemia. La deformación esperpéntica está ya presente en estas obras, sobre todo en las dos últimas, pero es Luces de bohemia, la primera a la que Valle-Inclán da el nombre de esperpento. En los años siguientes escribe tres esperpentos: Los cuernos de don Friolera (1921), Las galas del difunto (1926) y La hija del capitán (1927), recogidos luego bajo el título de Martes de carnaval. Entre las novelas de la última época destacan Tirano Banderas (1926), sobre un supuesto dictador americano, y la trilogía El ruedo ibérico, una violenta sátira política de los tiempos de Isabel II.

  1. EL ESPERPENTO
Resultado de imagen para esperpento valle inclan  Con este nombre (cuyo significado habitual era “persona o cosa extravagante, desatinada o absurda) designa el autor a esas obras suyas en las que lo trágico y lo burlesco se mezclan. Su mejor definición se hallará en la escena XII de Luces de bohemia: “Nuestra tragedia no es una tragedia”. La tragedia es un género demasiado noble para el panorama que le rodea: “España es una deformación grotesca de la civilización europea”; por eso, “el sentido trágico de la vida española solo puede darse con una estética sistemáticamente deformada”. Y así, de la imposibilidad de la tragedia surge el esperpento. La índole de esa estética deformante es ilustrada con la referencia a los espejos cóncavos que decoraban la fachada de un comercio en la llamada calle del Gato, en Madrid: “Los héroes clásicos, reflejados en un espejo cóncavo, dan el esperpento (…). Las imágenes más bellas, en un espejo cóncavo, son absurdas”. En los esperpentos aparecen personajes marginales o fantoches grotescos. El autor se complace en degradar la realidad y en agredirla con una carcajada que no perdona a personas, instituciones o mitos, pero que en el fondo oculta no pocas veces el llanto. El estilo es desgarrado, agrio aun en su humor, de incalculable fuerza crítica.
Mención especial merecen las acotaciones, tan literarias como el diálogo mismo.

  1. GÉNESIS Y TEMA
            La obra cuenta la última noche de la vida de Max Estrella, poeta miserable y ciego. Valle se inspiró en la figura y en la muerte de su amigo Alejandro Sawa, novelista bohemio, casado con una francesa y asiduo a los círculos modernistas; murió miserable, ciego y loco en 1909. Pero, a partir de esta figura real, Luces de bohemia cobra unas dimensiones que trascienden ampliamente la anécdota del fracaso y la muerte de un escritor mediocre. La obra se convierte en una parábola trágica y grotesca de la imposibilidad de vivir en una España deforme, injusta, opresiva, absurda; una España donde no encuentra sitio la pureza, la honestidad o el arte noble.

  1. ESTRUCTURA
 Luces de bohemia prescinde de la división en actos y se compone de 15 escenas, que pueden estructurarse de la siguiente forma:
1)                  Un preludio: escena I (Max en su casa: anhelo de morir)
2)                  Un cuerpo central de la obra: la peregrinación de Max por la noche madrileña. Son las escenas II-XI, que, a su vez, se repartirían en dos etapas iguales y simétricas:
              1ª. Escenas II-VI: hasta la estancia de Max en el calabozo con el obrero catalán.
              2ª. Escenas VII-XI: desde su salida de la cárcel hasta la muerte del obrero catalán.
      3) El final de la peregrinación: escena XII. Max vuelve a su casa y muere. Por otra parte, es la escena en que se expone la conocida “teoría del esperpento”.
      4) Epílogo: escenas XIII-XIV. Se lleva a cabo aquel suicidio “anunciado” al principio de la obra.


  1. PERSONAJES Y FANTOCHES
            Un denso mundillo humano puebla la obra: en ella aparecen más de 50 personajes.
            Max Estrella es un personaje complejo; dista de ser una figura noble, pero alcanza momentos de indudable grandeza. En él se mezclan el humor y la queja, la dignidad y la indignidad. Junto a su orgullo, tiene amarga conciencia de su mediocridad. Destaca su creciente furia contra la sociedad y, a la par, su sentimiento de fraternidad hacia los oprimidos.
            Don Latino, en cambio, es un gran fantoche. Es una caricatura de la bohemia y, a la vez, un tipo miserable por su deslealtad y su encanallamiento, tal como se ve, sobre todo, en las últimas escenas.
Resultado de imagen para luces de bohemia esperpento            Los demás fantoches del esperpento forman diversos grupos. Especialmente mordaz es la caricatura de los burgueses (el librero Zaratustra, el tabernero Pica Lagartos, algunos defensores del orden de las escena XI) o la de los policías (el capitán Pitito, Serafín el Bonito, los “guindillas”...), además de la caricatura del Ministro. También quedan ridiculizados los pedantes como don Gay, el periodista don Filiberto, Basilio Soulinake, etc., pero especialmente los epígonos del modernismo. Esperpentizados quedan también personajes populares, como la Pisa-Bien, el “Rey de Portugal”, la portera, las prostitutas o los sepultureros (parodia de los de Hamlet).
            Caso especial serían las figuras de Rubén Darío y Bradomín, contrapunto de vida y literatura refinadas dentro del esperpento.

  1. ESTILO
            La deformación y la distorsión de la realidad está en la base del esperpento. La deformación paródica no retrocede ante nada, pues se esperpentiza incluso la muerte. La degradación de los personajes se manifiesta por los frecuentes rasgos de animalización, cosificación o muñequización; los hombres se transforman en “perros”, “camellos”, “cerdos”, etc.; o en fantoches o peleles. Mención especial merecen las acotaciones, en las que, con pinceladas rápidas e insuperables, se dibujan a los personajes o se comentan sus actitudes.
            En cuanto al lenguaje, asombra su riqueza y la variedad de registros empleados (lenguaje pedante o cursi, expresiones formularias o administrativas, vulgarismos, giros del habla madrileña castiza, etc.). También destaca el arte de las acotaciones.
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