lunes, 21 de noviembre de 2016

Trayectoria poética de Antonio Machado y su relación con los estilos y tendencias de la época



Antonio Machado (1875-1939)
Nació en Sevilla, aunque en 1883 toda su familia se trasladó a Madrid. Tuvo una formación liberal, ya que estudió en la Institución Libre de Enseñanza. A finales del siglo XIX estuvo en París, ciudad en la que conoció a Rubén Darío, así como las nuevas corrientes literarias del momento: Simbolismo y Modernismo. Desde 1907 ejerció como catedrático de francés en Soria, donde se casó con Leonor Izquierdo, una muchacha de dieciséis años que murió cinco años después de la boda. Antonio Machado, desesperado, se traslada a Baeza (1912-1919), Segovia y Madrid. Partidario de la República, a medida que las tropas nacionales de Franco avanzaban hacia el este durante la Guerra Civil (1936-1939), vivió sucesivamente en Valencia, Barcelona y, finalmente, Collioure (Francia), un pueblecito cercano a la frontera española, donde murió.


Antonio Machado se educó en la estética modernista y en el empleo de un lenguaje simple y conmovedor. En su poesía observamos una doble influencia: Romanticismo (Bécquer, Rosalía) y Simbolismo, lo cual lo sitúa entre los autores modernistas, aunque él no se queda sólo con la poesía como juego estético, sino que la define como una honda palpitación del espíritu, la auténtica emoción humana. Así, Machado encaja dentro del Modernismo, pero también en la Generación del 98, sobre todo a partir de 1912 con la publicación de Campos de Castilla. Por lo tanto, este autor representa la unión e imposible separación de ambos movimientos.
Los temas principales de su poesía son: los recuerdos y evocaciones de su propia vida, la preocupación por España (Castilla y el paisaje de Soria como símbolos de la decadencia), el amor, el paso del tiempo, la soledad, la infancia perdida, los sueños, la muerte y la búsqueda de Dios.
En 1903 publica Soledades, ampliada posteriormente en 1907 con el título Soledades, Galerías y otros poemas. Esta obra es fundamentalmente modernista y, dentro de los temas de este movimiento, intimista y neorromántica. El Simbolismo está omnipresente para representar los estados de ánimo y las obsesiones del autor. El lenguaje es sencillo, connotativo, y la métrica es variada (prefiere la asonancia y el arte menor; metros como la silva arromanzada junto a coplas, cantares…). En ella aparecen símbolos como: el manantial, el río, la fuente, el agua, el camino… (símbolos del paso del tiempo); el campo, la tierra… (la vida); Soria, Castilla, Duero (como personificación del hombre sencillo); las galerías (caminos interiores del alma); el tren, el viaje (esperanza); los encimares, los olmos, chopos, álamos, olivares (símbolos de sencillez); las colinas, los montes y alcores (objetividad), etc.
Su gran obra, Campos de Castilla, llegó en 1912, ampliada posteriormente en 1917. Además de los temas comentados, aparece el tema de Castilla, el sentimiento del poeta asociado al paisaje, la crítica a la “España de charanga y pandereta”, la esperanza en la juventud como elemento impulsor frente al atraso y la pobreza. Campos de Castilla se centra en el paisaje castellano, más como impresión que como descripción, y en el hombre castellano, prototipo del hombre sencillo español que vive el presente miserable. Estos temas han motivado la inclusión del autor dentro de los autores del 98, puesto que los intereses y las preocupaciones de todos ellos eran coincidentes. Esta obra refleja el impacto y la identificación –no exenta de crítica— con el paisaje y las gentes sorianas y castellanas, con su austeridad e, incluso, su cainismo. Además de lo citado, el libro incluye unos cuantos poemas dedicados al recuerdo de Leonor, los “Proverbios y cantares” (composiciones breves de tema popular y seudofilosófico) y el largo romance “La tierra de Alvargonzález”. Esta obra no abandona completamente el Modernismo, a pesar de que incluye los poemas más conocidos de Antonio Machado. El metro utilizado va desde la silva arromanzada, el romance y, a última hora, el soneto.
Nuevas canciones (1924) recoge poemas escritos en Baeza y Segovia. En este libro adopta los metros cortos populares, la copla tradicional y los recursos expresivos del cante jondo, elementos que retomarán casi inmediatamente autores como Rafael Alberti o Federico García Lorca. Aparecen de nuevo los “Proverbios y cantares”, pero en este caso más depurados, sin elementos descriptivos.
La primera edición de sus Poesías completas es de 1917 y fue publicada por la Residencia de Estudiantes.
La poesía que Antonio Machado escribió posteriormente es escasa y de menor calidad que la anterior. Destacamos “Canciones a Guiomar” (publicadas por la Revista de Occidente en el número de septiembre de 1929) y algunas Poesías de guerra.
Su gran obra en prosa es Juan de Mairena (1934). En colaboración con su hermano Manuel compuso siete obras teatrales, entre las que destaca, en verso, La Lola se va a los puertos.

martes, 8 de noviembre de 2016

CARACTERÍSTICAS DE LA GENERACIÓN DEL 98

                CARACTERÍSTICAS DE LA 
                      GENERACIÓN DEL 98 
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       Se denomina Generación del 98 a un grupo de escritores que, sensibilizados ante el denominado Desastre de 1898 y atentos a la evolución del pensamiento literario fuera de España, iniciaron por esa fecha un movimiento de protesta social y de renovación de las letras españolas. Aunque la nómina de integrantes puede ser muy amplia, suele haber coincidencia en que pertenecen a la Generación del 98 los siguientes autores: Miguel de Unamuno, Ramiro de Maeztu, Ángel Ganivet, Pío Baroja, José Martínez Ruiz (Azorín), Ramón Mª del Valle-Inclán y Antonio Machado.

       Se ha discutido mucho si estos autores constituyen o no una auténtica generación, y si en ellos se cumplen o no los considerados "requisitos generacionales" de los que habló Julius Petersen (nacimiento en años poco distantes, formación cultural semejante, convivencia personal, participación en actos colectivos propios, la existencia de un "hecho generacional", existencia de un guía y empleo peculiar del idioma); de hecho, aunque son semejantes en edad y participan de un mismo "hecho generacional”, el Desastre, carecen de formación uniforme, no todos mantuvieron contactos personales de manera asidua ni se puede decir que tuvieran un líder, pese al prestigio de que gozaba Unamuno, como también es difícil aceptar que tuvieran un "lenguaje generacional" común, de ahí que muchos pretendan que, más que hablar de generación, se hable de un "espíritu del 98".
     También se ha discutido bastante si 98 y Modernismo son dos realidades diferentes o solo dos aspectos de una misma generación. En cualquier caso, conviene señalar que entre unos y otros existen bastantes similitudes: defensa de la regeneración nacional, procedencia burguesa de sus integrantes, necesidad de superar el realismo o reivindicación de libertad total para el artista. En última instancia, se puede afirmar que son dos expresiones simultáneas de una misma crisis interna de la burguesía; ante una misma realidad que los dos critican, unos, los modernistas, optan por evadirse y refugiarse en la ensoñación, la belleza, el pasado o la subjetividad, mientras que los otros, los noventayochistas, deciden implicarte en ella para transformarla.
Según lo dicho, se comprende que entre ellos haya más una comunidad de rasgos ideológicos que puramente literarios, aspecto en el que presentan grandes diferencias. Se puede decir, pues, que la Generación se caracteriza por: 

a) Todos reflejan la necesidad de una regeneración social y artística de la España en crisis que queda tras el desastre colonial.

b) Mantienen una perspectiva centrípeta, unificadora de España; expresan su amor por ella y toman a Castilla y el paisaje castellano como símbolo de esa unidad.


c) Manifiestan su rechazo por la sociedad burguesa, a la que consideran fracasada y derrotada.


d) Se declaran antirrealistas y antipositivistas.


e) Ideológicamente están influenciados por las corrientes filosóficas europeas del momento (Nietzsche, Schopenhauer, Kiergegaard…) y por el regeneracionismo español.


f) Adquieren especial relieve las preocupaciones existenciales. Los interrogantes sobre el sentido de la vida, el destino del hombre, etc., son capitales en todos ellos (muy especialmente en Unamuno). Ello ha hecho que se les haya considerado precursores del existencialismo.


g) Defienden una idea de europeísmo, aunque casi todos proponen soluciones de tipo individual.


h) Reivindican a los escritores "primitivos" españoles y defienden un lenguaje sobrio y casticista.


      En cuanto a los temas más tratados por ellos podemos citar: el tema de España, la defensa de la España "eterna y espontánea", las tierras de España, la historia, los valores permanentes de Castilla y de España y las preocupaciones existenciales. El tema de España se enfocará con tintes subjetivos; esto quiere decir que se proyectan sobre la realidad española los anhelos y las angustias íntimas. El subjetivismo es, en efecto, lo que caracteriza tanto la exaltación redentora de Unamuno, como la visión impresionista de Azorín o el escepticismo del Baroja maduro.


      En cuanto a la evolución del 98, dado el carácter individualista e iconoclasta de estos escritores, no se puede hablar de una evolucón conjunta, sino paradójica y dispar. El denominado "grupo de los tres"(Baroja, Azorín y Maeztu) y Unamuno evolucionan desde una juventud revolucionaria radical hasta actitudes plenamente conservadoras o francamente reaccionarias; en cambio, Antonio Machado y Valle-Inclán experimentan un proceso radicalmente inverso: de sus actitudes conservadoras iniciales evolucionaron hasta una madurez comprometida con la Segunda República y el Frente Popular.

LA LÍRICA DEL SIGLO XX HASTA 1939


LA LÍRICA DEL SIGLO XX HASTA 1939

La lírica española anterior a 1939 pasa por diversas etapas: modernirmo y generación del 98, novecentismo o generación del 14, vanguardias y generación del 27.
  1. LA CRISIS DE FIN DE SIGLO: MODERNISMO Y GENERACIÓN DEL 98
A finales del siglo XIX aparecen dos corrientes de renovación estética de cierta oposición a la corriente realista anterior: el modernismo y la generación del 98. Ambos movimientos no se consideran antitéticos, sino como tendencias de un mismo movimiento renovador, y se caracterizan por un afán de reforma y por un espíritu de protesta.
1.1. Modernismo
El término Modernismo se introdujo en España para nombrar a una nueva corriente que enlazaba con las tendencias posrománticas (Bécquer, Rosalía de Castro), a la vez que incorporaba las concepciones que llegaban de América y de Francia. La publicación del libro poético Azul (1888) del nicaragüense Rubén Darío, máximo exponente de este movimiento, es considerado como el punto de partida del modernismo. Considerado como movimiento de renovación estética, el modernismo nació como síntesis de dos movimientos franceses: el parnasianismo (del que toma el gusto por lo refinado y la noción del “arte por el arte”) y el simbolismo (del que tomó el gusto por la música y la incorporación de símbolos, sinestesias e imágenes sensoriales).
La finalidad del modernismo es la búsqueda de la belleza por sí misma, que se manifiesta en una estética en la que predomina la forma sobre el contenido; así, la literatura va dirigida a los sentidos, para lo que se utilizan formas estéticas que sirvan para la expresión de la belleza y produzcan efectos sensoriales. En relación a la temática, los temas están relacionados con el mundo íntimo del poeta, lo exótico, lo fantástico y lo mitológico (el escapismo), así como temas de carácter universal. En cuanto a la métrica, el verso preferido es el alejandrino, si bien también se acude a versos poco usuales, como el dodecasílabo y el eneasílabo.
    Nuestros grandes poetas modernistas serán los hermanos Manuel y Antonio Machado, autor que presenta un modernismo intimista lleno de símbolos (la tarde, la fuente, el viajero…) en obras como Soledades, galerías y otros poemas (1907), y Juan Ramón Jiménez (en su poesía anterior a 1916), representante de un modernismo intimista y delicado, en obras como Jardines lejanos, La soledad sonora y Platero y yo (este último en prosa poética). 
1. 2. Generación del 98 
A pesar de su personalísima trayectoria ideológica y estética, Antonio Machado suele incluirse dentro de la Generación del 98, por su afinidad de temas y motivos (preocupación por España) y su estilo depurado y sobrio. Los principales temas de su obra poética son: la nostalgia por la niñez y la juventud, la muerte, Dios, el paisaje y las gentes de Castilla. Campos de Castilla (1912) inicia este nuevo ciclo poético, en el que destaca la presencia del paisaje castellano, la preocupación patriótica por España (típico tema noventayochista) y la evocación de Soria y de su amada Leonor. Otras obras de Machado son Proverbios y cantares y Nuevas canciones (1924). El cristo de Velázquez, de Miguel de Unamuno, también se incluye en esta tendencia. 
2. NOVECENTISMO O GENERACIÓN DEL 14 
El novecentismo reunió a un grupo de autores de sólida formación intelectual que vieron en lo europeo un modelo que se debía imitar. Aunque los novecentistas mantuvieron la preocupación por España, dejaron de lado la dolorida queja de los autores finiseculares para examinar con rigor y frialdad los problemas del país y buscar una solución eficaz. Surge ahora un tipo de literatura en la que lo intelectual y lo conceptual prevalece sobre lo emotivo o sentimental; se defiende el arte puro y el cuidado de los aspectos formales, al considerar que su objetivo es producir placer estética. El autor más destacado es Juan Ramón Jiménez, especialmente la segunda etapa de su producción poética, con obras como Diario de un poeta recién casado (1916), Eternidades, Piedra y cielo, a la que seguirá una etapa de plenitud, denominada suficiente, con obras como Dios deseado y deseante, en la que cultiva una poesía aún más depurada.
3. VANGUARDIAS
Las vanguardias integran un conjunto de movimientos artísticos caracterizados por su afán de renovación y de ruptura con los principios creativos anteriores. Los principales movimientos de vanguardia son: futurismo (impulsado por Marinetti, ensalzó la civilización mecánica y técnica), cubismo (proponía la descomposición de la realidad en formas geométricas, teoría que inspiró al francés Apollinaire), dadaísmo (su creador, Tzara, defiende lo absurdo en el arte), surrealismo (creado por Bretón, buscaba descubrir la realidad por medio del sueño y la escritura automática), creacionismo (propugnado por Huidobro, buscaba crear la propia realidad en el poema por medio de imágenes originales) y ultraísmo (surgido en España, aglutinó todas las vanguardias mediante la ruptura del discurso lógico y la introducción de innovaciones tipográficas). El más importante de estos movimientos fue, sin duda, el surrealismo, cultivado por la mayoría de los poetas de la generación del 27.
  1. GENERACIÓN DEL 27
Para referirse a estos poetas se ha impuesto el nombre de generación del 27 ( o grupo poético del 27) porque en esa fecha se celebra el tercer centenario de la muerte de Góngora, poeta al que reivindicaron por su intento de crear un lenguaje poético autónomo, desligado de la realidad. Con sus inicios hacia 1920, se trata de una promoción literaria de calidad excepcional, que destacó, sobre todo, por su poesía. El esplendor artístico y cultural de este período ha llevado a acuñar la denominación de edad de plata para esta etapa de la cultura española. Aunque la poesía de cada uno presenta un estilo particular, hubo ciertas características comunes, como la mezcla entre lo popular y lo culto, el empleo de la metáfora y de las imágenes sorprendentes y el uso de una métrica variada (formas tradicionales y verso libre).
Los poetas más relevantes de la generación del 27 fueron: Pedro Salinas (tras una primera etapa de influencia vanguardista, le sigue su gran producción amorosa, con obras como La voz a ti debida y Razón de amor), Jorge Guillén (su estilo es muy elaborado y su poesía es pura o intelectual, que reunió en su obra Aire nuestro), Gerardo Diego (recibe la influencia del ultraísmo y el creacionismo en Imagen y Manual de espumas), Federico García Lorca (su estilo es muy personal, con una evolución desde la plasmación del mundo popular andaluz, en obras como Poema del cante jondo y Romancero gitano, hasta la incorporación del surrealismo en Poeta en Nueva York), Vicente Aleixandre (Premio Nobel de literatura, el ser humano es el eje fundamental de toda su poesía, en obras como Espadas como labios y La destrucción o el amor), Rafael Alberti (la tendencia neopopular de Marinero en tierra da paso a una producción surrealista en Sobre los ángeles, que luego se continúa con una poesía comprometida y de propaganda política, a la que sigue su producción en el exilio), Luis Cernuda (con La realidad y el deseo, obra en la que junto a poemas surrealistas aparecen otros de expresión intimista y personal) y Dámaso Alonso (con Hijos de la ira, ya en la posguerra).
Por último, debemos destacar, por su calidad literaria, la figura de Miguel Hernández, denominado por Dámaso Alonso como “genial epígono” de la generación del 27; su obra evoluciona desde una poesía inicial vinculada a la tradición hasta una poesía personalísima, de intensa emoción humana. Entre sus obras destacan Perito en lunas y El rayo que no cesa.