martes, 26 de abril de 2016

EL TALENTO DE MR. RIPLEY Y LA OBRA DE PATRICIA HIGHSMITH



EL TALENTO DE MR. RIPLEY Y LA OBRA DE PATRICIA HIGHSMITH


El talento de Mr. Ripley (1955), también conocida como A pleno sol, es la primera novela del ciclo “Ripley”; la novela aúna las características del género negro y del thriller psicológico, y fue escrita durante el primer viaje de Patricia Highsmith a Europa, sufragado con los derechos cinematográficos de su primera novela, Extraños en un tren; la idea surgió cuando observaba desde su hotel a un joven que paseaba solo por la playa. La trama presenta a Tom Ripley, un joven estadounidense con problemas económicos que acude a Italia por encargo de un millonario para tratar de convencer al hijo de este, Dickie, de que abandone su vida bohemia. Tom intima con Dickie y termina asesinándolo para suplantar su identidad y proseguir con el lujoso tren de vida con el que se había acostumbrado en su compañía. Tras escapar a la persecución a la que lo somete la policía, Tom termina heredando los bienes de Dickie gracias a un testamento que él mismo falsificó. La historia concluye de manera ambigua, pues aunque Tom triunfa en sus ambiciones y no es castigado por sus crímenes, se deja caer la idea de que ha caído en una inercia paranoide de la que no podrá escapar.
La trama, pues, se basa en la intriga que se plantea a partir de la actitud cínica, maquiavélica, e incluso psicópata, por parte del protagonista, Tom Ripley, que miente, suplanta identidades e incluso asesina cuando cree que conviene a sus intereses, siendo una muestra del triunfo indiscutible del mal sobre el bien, en cuanto el perverso protagonista no recibe ningún castigo y además termina enriqueciéndose con sus crímenes. La característica fundamental de su protagonista, muy bien caracterizado, es la ausencia de empatía hacia los demás; para Ripley, causar daño a otra persona no supone ningún obstáculo, siempre y cuando satisfaga con ello sus ambiciones egoístas.
Ripley es un joven solitario, un estafador inteligentísimo que suplanta a sus víctimas, un ladrón y un asesino ocasional que no se somete a la moral establecida, crea sus propios valores y nunca es castigado ni atrapado por la policía, sintiéndose ajeno a todo sentimiento de culpa. Lo que motiva a Ripley es el dinero y el acceso a otro estatus. Pero la originalidad del personaje radica en que no se presenta como un criminal sanguinario ni como un enfermo mental, sino más bien como un esnob.
Con esta obra Patricia Highsmith consiguió varios premios: el Premio Edgar a la mejor novela de 1956 y el Gran Premio de Literatura Policíaca (1957) por la edición francesa de la obra. Hoy día la novela sigue siendo un thriller de gran éxito; de hecho, Tom Ripley no muere en esta obra, siendo el protagonista de una serie de cinco novelas (La Ripliada) que narran las peripecias de este estafador que suplanta a las personas a las que asesina.

La producción literaria de Patricia Highsmith se compone de una veintena de novelas, un gran número de relatos (recogidos en volúmenes como Once, Pequeños cuentos misóginos, Crímenes bestiales, La casa negra, Los cadáveres exquisitos, etc.) y un ensayo, El arte del suspense (1966). Las novelas de Highsmith se inscriben en el género negro pero no de una manera estricta, ya que desarrollan retratos psicológicos con una profundidad poco frecuente en el género. La maldad es un tema central que recorre toda la obra de la autora, donde abundan antihéroes con actitudes antisociales e incluso psicopáticas, en los que se aprecia la influencia existencialista de Dostoevsky y Kafka.
El éxito de El talento de Mr. Ripley dio pie a cinco secuelas con el mismo protagonista, que Patricia escribió a lo largo de 36 años: La máscara de Ripley (1970), en la que Tom Ripley se ve envuelto en un fraude de obras falsificadas; El juego de Ripley (1974), en la que el protagonista mantiene una ambigua relación con un honesto personaje, al que convierte en un asesino; Tras los pasos de Ripley (1980), en la que Ripley ayuda al hijo de un millonario a librarse del sentimiento de culpa tras haber cometido un parricidio; y Ripley en peligro (1991), que cierra la serie, donde Ripley roza la locura tras conocer a una pareja que conoce los más oscuros secretos de su pasado.
Anteriormente, Patricia Highsmith había publicado Extraños en un tren y El precio de la sal (obra que se difundió bajo el seudónimo de Claire Morgan para ocultar su lesbianismo). Otros títulos son: Mar de fondo, El grito de la lechuza, La celda de cristal, El temblor de la falsificación, El juego del escondite, El diario de Edith, etc. Su última novela, publicada de forma póstuma, es Carol y Small G: un idilio de verano. La visión de la realidad que se desprende de sus novelas y cuentos es depresiva, pesimista y sombría, como también su concepto sobre el ser humano. Sus héroes suelen ser personajes turbios y ambiguos que explotan la hipocresía humana para ascender socialmente. Highsmith fue una exploradora del sentimiento de culpabilidad y de los efectos psicológicos del crimen sobre los asesinos. En su obra busca siempre la polémica y le atrae especialmente la ambigüedad moral; muchas de sus novelas incluyen referencias homosexuales.
Patricia Highsmith dedicó toda su vida a la literatura, y su extensa obra así lo atestigua. Varias de sus novelas han sido llevadas al cine.







PATRICIA HIGHSMITH Y SU ÉPOCA



PATRICIA HIGHSMITH Y SU ÉPOCA
La autora

Mary Patricia Plangman, que era su verdadero nombre, nació en Texas (Estados Unidos), en 1921, poco después de que sus padres se divorciaran. Los primeros años de su infancia los pasaría con su abuela, a la que siempre idolatró, quien la enseñó a amar la lectura a una edad muy temprana. A los siete años se trasladó a Nueva York con su madre, que era artista, y con la que mantuvo una relación problemática, así como con su padrastro, Stanley Highsmith, de quien tomaría el apellido. Esta difícil relación con su madre sería luego recreada en algunos de sus relatos; así, en “The Terrapin” un joven apuñala a su madre. A los ocho años leyó el libro La mente humana, de Karl Menninger, cuyo análisis sobre las enfermedades mentales y las conductas anormales influirían en su obra posterior.
Se licenció en 1942 en estudios literarios. Trabajó como guionista en revistas de cómics, y más tarde como comercial para unos grandes almacenes, comenzando a escribir sus primeros relatos a los 22 años. Pero sería a raíz del éxito de la adaptación cinematográfica de Extraños en un tren, su primera novela, por Alfred Hitchcock, cuando Patricia puede vivir exclusivamente de la literatura.
Su homosexualidad y su carácter huraño, acentuado por el alcoholismo, tendrán un fiel reflejo en su obra, así como su admiración y aptitud para las artes plásticas. Su lesbianismo, visto como una enfermedad en una sociedad tan moralista como la americana de su época, es abordado en su novela El precio de la sal, publicada en 1953 bajo el seudónimo de Claire Morgan; años más tarde la reimprimiría con el título de Carol, descubriendo que era ella la verdadera autora y revelando las razones del seudónimo inicial. Su homosexualidad también sería la inspiración de otros relatos; así, su turbulenta relación con la escritora Ann Aldrich inspirarían varias de sus novelas. Prefería la compañía de los gatos y los caracoles a la de las personas y ella misma confesó que su imaginación funcionaba mucho mejor cuando no tenía que hablar con las personas. Algunos de sus contemporáneos la tacharon de misantropía, de misoginia e incluso de antiamericanismo; su inclinación hacia la morbosidad, así como sus ideas políticas de sesgo comunista, no la hicieron vendible en Estados Unidos. Es por ello por lo que se trasladó a Europa en 1963, donde residió en Reino Unido, en Francia y finalmente en Suiza, donde murió en 1995, a los setenta y cuatro años de edad.
Patricia fue una trabajadora incansable, que revisaba constantemente sus escritos, y que nunca se plegó a las modas del mercado. Ha sido alabada por la crítica como una de las mejores escritoras de su generación, tanto por la penetración psicológica que lograba en sus personajes como por sus tramas complejas y elaboradas, consiguiendo un reconocimiento a nivel internacional.

Su contexto
La época de Patricia Highsmith está marcada por las dos Guerras Mundiales. Estados Unidos se convirtió en la primera potencia económica mundial, si bien se caracterizó por ser una sociedad marcada por los fuertes desequilibrios, especialmente a raíz de la depresión económica provocada por el crak de la bolsa de Nueva York en 1929.
La dimensión de la tragedia que supuso la II Guerra Mundial, que había devastado el mundo, abrumó a los autores, especialmente en Europa. Por ello, las nuevas tendencias se orientan hacia la reflexión sobre el sentido de la existencia humana o hacia la descripción de los efectos de la guerra, y solo a partir de los cincuenta, cuando comienza a desarrollarse la sociedad de consumo tal como la entendemos en la actualidad, surgirán nuevos impulsos renovadores.
En esta época, en Europa se desarrolla el existencialismo (con Camus y Sartre, entre otros, en narrativa; Ionesco, Samuel Beckett, etc., en teatro), movimiento que encarna la expresión del absurdo de la existencia humana. En Alemania e Italia, países derrotados en la guerra, aparecen autores cuya intención es reflejar el mundo tras el conflicto, con sus horrores y sus contradicciones, de manera directa y natural. Es el caso del neorrealismo italiano, o novelistas alemanes como Elias Canetti o Ernst Jünger.
En la década de los cincuenta, una vez superados los durísimos comienzos de la posguerra, surgen tendencias literarias renovadoras: los “jóvenes airados” ingleses (John Osborne, Harold Pinter); o el “nouveau roman” francés, un intento de renovación de la novela a partir de la importancia de los objetos como reflejo de la cosificación consumista (Alain Robbe-Grillet).
Durante esta segunda mitad del siglo, la narrativa norteamericana adquiere un papel relevante. Tras los precedentes de la “generación perdida” (Hemingway, Scott Fitzgerald) y Faulkner, una gran cantidad y variedad de novelistas se van sucediendo a partir de los años cincuenta. También a comienzos de esta década destacan los novelistas sureños, como Truman Capote, gran amigo de Patricia Highsmith; los afroamericanos, como Richard Wright; y los de origen judío, como Saul Bellow o Isaac Baheshevis Singer. Uno de los autores más importante del momento será J.D.Salinger, autor de El guardián entre el centeno. La narrativa estadounidense de esta época se desvincula de Europa y se concentra en su propia realidad y en su heterogénea sociedad. Tras su participación en la II Guerra Mundial se consolidó en Estados Unidos la denominada Generación Beat (la generación “destrozada, cansada, golpeada), un grupo de escritores que manifiestan su rechazo a los estadounidenses clásicos, así como su inclinación hacia la filosofía oriental, y a los que se les considera precursores del movimiento hippy. En las últimas décadas, tal vez la tendencia más influyente sea el “realismo sucio”, representado por Raymond Carver o Richard Ford.
La obra de Patricia Highsmith se desarrolló principalmente durante la época posterior a la Segunda Guerra Mundial. Patricia parte del modelo de las novelas policíacas y de intriga (género negro), aunque sin ajustarse por completo a las convenciones de las mismas; su temática se centra en torno a la culpa, la mentira y el crimen. Probablemente, los autores que ejercieron una mayor influencia en Patricia Highsmith fueran los máximos representantes estadounidenses de la literatura de detectives, Dashiel Hammett y Raymond Chandler (encargado del guión para la versión cinematográfica de Extraños en un tren). La concepción del suspense de Highsmith se ha etiquetado como novela policíaca situada entre Chandler, Agatha Christie y Conan Doyle.









domingo, 17 de abril de 2016

FRANZ KAFKA Y SU ÉPOCA


            FRANZ KAFKA Y SU ÉPOCA

                                                             El autor

           Franz Kafka nace el 3 de julio de 1883 en Praga, en el seno de una familia de judíos alemanes pertenecientes a la pequeña burguesía. Pasó una niñez solitaria debido a su enorme sensibilidad y a la difícil relación que siempre mantuvo con su padre. Era el mayor de seis hermanos; dos de ellos fallecieron a los pocos meses de edad, y sus tres hermanas perecieron en el holocausto nazi. Habló checo y alemán desde su infancia, y adquirió conocimientos de cultura francesa. Estudió Derecho en la Universidad de Praga; también comenzó los estudios de Filología, pero no llegó a finalizarlos. En 1907 ingresó como pasante en una agencia italiana de seguros y, posteriormente, consiguió un trabajo burocrático que le sirvió de inspiración para sus obras, y que desempeñaría hasta su jubilación anticipada en 1922, por la tuberculosis que le aquejaba
            Fundamental en la vida de Kafka es su relación con su autoritario padre, quien lo menospreciaba en la intimidad; según declaró el propio Kafka en su Carta al padre (que nunca publicó en vida), dicha relación provocó en él una pérdida de identidad que se plasmaría en toda su obra; todo ello, unido a su timidez e inseguridad, marcaron un carácter solitario. También fue determinante en su vida su relación tormentosa con varias mujeres. Su primera relación fue con Felice Fauer, con la que llegó a prometerse hasta en dos ocasiones, pero la boda nunca llegó a consumarse; precisamente La metamorfosis nació en la primera crisis de la pareja. En 1917 sufrió una tuberculosis de pulmón. Fue en esta época cuando conoció a otra mujer decisiva en su vida: Milena, una escritora checa, casada, con la que se carteó intensamente (Cartas a Milena). En 1923 se trasladó a Berlín, con la esperanza de distanciarse de su familia y centrarse en su obra; se reunió con Dora Diamant, una periodista descendiente de una familia judía ortodoxa, que había huido de su pueblo natal, y a la que había conocido en el verano del mismo año.
            El estado de salud de Kafka empeoró sensiblemente en años posteriores con el avance de la enfermedad. Tras diversas estancias en sanatorios y un tiempo en Berlín, regresó a Praga, y  posteriormente fue internado en un sanatorio cerca de Viena para recibir tratamiento. Murió en dicho sanatorio el 3 de junio de 1924. Su cuerpo fue llevado a Praga, donde fue enterrado, el 11 de junio de 1924.

            Su contexto

            La primera mitad del siglo XX es una época enormemente agitada y conflictiva: dos guerras mundiales (1914-1918 y 1939-1945); la Revolución rusa de 1917; el hundimiento de la bolsa neoyorquina (1929); y la “guerra fría” surgida tras la Segunda Guerra Mundial. A ello se unen importantes descubrimientos que modificaron las tradicionales formas de vida (en los medios de transporte, en medicina, en armamento, en física y química…). Por otra parte, tres formas de pensamiento influyeron especialmente en los modos de vida y en el arte del siglo XX: el marxismo, que predica la lucha de clases para conseguir una sociedad igualitaria; el psicoanálisis de Sigmund Freud, que descubrió el inconsciente; y el existencialismo de Jean Paul Sartre, que topa con el absurdo cuando intenta buscar sentido a la vida humana.
            La literatura de este período reflejará perfectamente las experiencias traumáticas y la crisis de valores sufridas por la sociedad. De ahí derivan sus rasgos esenciales:
-         Tendencia al experimentalismo y la innovación.
-         Visión angustiosa y atormentada del hombre, acorde con la doctrina existencialista.
-         Preocupación por los problemas sociales y políticos.
-         Reflejo del ideario marxista.
Ese pensamiento pesimista y desencantado de la realidad había originado, ya a finales del XIX, el pensamiento irracionalista y vitalista iniciado por los filósofos Kierkegaard, Schopenhauer y Nietzsche. La culminación de estas concepciones ideológicas será el Existencialismo que, si bien se desarrolló sobre todo tras la Segunda Guerra Mundial, ya desde principios de siglo aparecen algunos precursores que reflejaron esa angustia vital y ese pesimismo sombrío del hombre del siglo XX. Para los filósofos existencialistas como Martin Heidegger, la esencia del hombre se reduce a su existencia: estamos arrojados al mundo sin ninguna razón y abocados a la muerte. Entre dichos precursores se encuentran Franz Kafka en novela; su compatriota Rilke en poesía; y el italiano Pirandello en teatro.

            A lo largo de toda esta etapa, la novela va a experimentar profundos cambios. Dicha experimentación comienza a principios de siglo con Kafka y el francés Proust (con En busca del tiempo perdido) y alcanza su máxima expresión en el Ulises del irlandés Joyce, la obra más influyente del siglo XX. Entre las innovaciones que introducen este tipo de narradores destacan: se abandona la narración omnisciente a favor de otros modelos de punto de vista (narrador objetivo, contrapunto, multiplicidad de puntos de vista…), se introducen nuevas técnicas encaminadas a la expresión de la interioridad (como el monólogo interior); se desordena el tiempo; se mezcla realidad e imaginación; se introducen distintos tonos y registros; se introducen oscuros símbolos y extrañas analogías; preocupación por el lenguaje, etc.
            La novela seguirá siendo el género más destacado durante esta primera mitad del siglo XX. En Estados Unidos la renovación de las técnicas narrativas corre a cargo de Henry James (Los embajadores), al que seguirá, ya en el periodo de entreguerras, la llamada generación perdida”: Hemingway (El viejo y el mar), Scott Fitzgerald (El gran Gatsby), John Dos Passos (Manhattan Transfer) y William Faulkner (El ruido y la furia). En Irlanda destaca el citado James Joyce (Ulises). En Inglaterra, Virginia Woolf (Al faro) y Graham Greene (El poder y la gloria). En Alemania, además de Kafka, destacan Thomas Mann (La montaña mágica) y Hermann Hesse (El lobo estepario). En Francia destacó Marcel Proust (En busca del tiempo perdido), Jean-Paul Sartre (El muro), Albert Camus  (La peste) y André Gide (El inmoralista).