lunes, 22 de febrero de 2016

BAUDELAIRE Y SU ÉPOCA


    BAUDELAIRE Y SU ÉPOCA
  
    El autor
 Charles Pierre Baudelaire es considerado el padre, o gran profeta, de la poesía moderna, y cima del simbolismo francés del siglo XIX; es uno de los denominados “poetas malditos”, debido a su vida bohemia. Nació en París en 1821, en el seno de una familia acomodada. Su padre tenía sesenta años cuando él nació, y murió cuando Charles contaba tan solo seis años; su madre volvió a casarse pronto, con un estricto militar con el que Baudelaire nunca mantuvo una buena relación, lo cual ha servido a algunos biógrafos para explicar el difícil y atormentado carácter del autor. Fue expulsado del colegio debido a su carácter rebelde, inició sin interés los estudios de Derecho y desechó la carrera diplomática para dedicarse a la literatura. Frecuentó grupos literarios y los bajos fondos parisinos, como el Barrio Latino, en uno de cuyos prostíbulos conoció a Sarah, una prostituta judía, calva, apodada La louchette (la bizca), y a la que el autor cita en Las flores del mal; conoció a importantes escritores, como Gérard de Nerval, Balzac…, y pronto se aficionó a la bohemia y las drogas. Baudelaire rechazaba radicalmente la vulgaridad, lo que le llevó a adoptar actitudes e indumentarias extravagantes: se consideraba un dandy, por completo alejado del materialismo burgués. Una de sus amantes fue la mulata Jeanne Duval, con la que dilapidó buena parte de la herencia de su padre y con la que mantuvo una tormentosa relación durante toda su vida. Debido a esta vida desordenada, contrajo la sífilis, una enfermedad que le causaría la muerte años después.
    Su familia intentó en vano alejarlo de aquel mundo de perdición; para ello lo envió a Burdeos, pero Baudelaire volvió a Paris y reanudó su vida libertina con Duval, que se convertiría en la musa de sus mejores poemas. Se hizo crítico de arte (elogió a Delacroix), traductor de Poe y más tarde crítico musical (elogia a Wagner). Abatido por la enfermedad, por su afición al hachís, las deudas y la incomprensión de su madre, intentó suicidarse en 1845. En 1848 participó en el alzamiento revolucionario. En 1857 publicaría Las flores del mal, cuyos versos fueron considerados contrarios a las buenas costumbres y una ofensa a la moral pública; el autor fue obligado a pagar una multa y a suprimir seis poemas, aunque años más tarde la obra sería reeditada con los poemas suprimidos y treinta poemas añadidos.
     La sífilis le provocó una parálisis en 1865; un año más tarde, la afasia y la hemiplejía le causaron su incomunicación. Falleció en París, en 1867; tal era su fama de poeta maldito que las religiosas que lo atendieron llevaron incluso a un exorcista para purificar la habitación donde estuvo ingresado.

    Su contexto

    En la segunda mitad del XIX, y paralelamente a la observación de la realidad que iniciara el Realismo, la poesía emprendió nuevos caminos basados en la exploración de la propia interioridad y la búsqueda de la belleza a través de la palabra. Las primeras manifestaciones de la nueva poesía son las obras de Edgar Allan Poe y de Charles Baudelaire, quien tradujo al francés los textos de Poe. Para ambos, la poesía tiene como objetivo la belleza absoluta; pero dicha belleza es un misterio, algo inalcanzable para el hombre, por lo que los poemas nos transmitirán su significado mediante símbolos.
    Durante esta época, en Francia surgen dos movimientos poéticos de gran importancia: el Parnasianismo y el Simbolismo. El Parnasianismo fue una corriente que reunió a poetas de tendencias diversas bajo el magisterio de Théophile Gautier; pretendían despertar el deseo de lo puramente estético y decorativo (el “arte por el arte”), mediante la presentación de temas predominantemente mitológicos, la perfección formal y el uso de un lenguaje culto y expresivo lleno de ritmo. Su principal representante sería Leconte de Lisle.
    En cambio, el Simbolismo busca la expresión de los sentimientos y la plasmación del mundo interior del poeta. El símbolo y la sinestesia se convierten en los recursos más destacados de un arte subjetivo que persigue sobre todo la musicalidad, el ritmo y el poder de evocación de la palabra. Los principales poetas simbolistas son los llamados “poetas malditos”: Verlaine, Rimbaud y Mallarmé. La influencia del Simbolismo en la literatura y el arte posteriores será de enorme importancia. Baudelaire es el poeta de mayor impacto en el Simbolismo francés; el poeta se convertiría asimismo en precursor de otro movimiento, el Decadentismo de fin de siglo, cuyos temas predilectos serán la sexualidad y el erotismo. Los decadentistas rechazan la sociedad burguesa y adoptan una actitud de superioridad que les lleva a transgredir la moral y a complacerse en lo morboso y perverso. Se trata en realidad de una actitud estética, que acompañan con costumbres e indumentarias particulares (el dandismo).
    En la crítica hay unanimidad en cuanto a la opinión de que la poesía moderna (no solo en Francia, sino en todo el ámbito de la cultura de occidente) empieza con Las flores del mal de Baudelaire, publicado en 1857; en estas páginas (no muchas) se contiene el núcleo de todo lo que será la poesía hasta la actualidad.
    Además de en Francia, la nueva poesía se extiende por otros países, tanto en Europa como en América. En Inglaterra se impone el Prerrafaelismo, iniciado por John Ruskin. En Portugal surge la “Generación de Coimbra”, encabezada por Antero de Quental. En Hispanoamérica nace el Modernismo, iniciado por José Martí y Rubén Darío, que tendría enorme influencia en la literatura española. Y en Estados Unidos aparece la figura fundamental de Walt Whitman, autor del poemario Hojas de hierba.