miércoles, 6 de enero de 2016

GOETHE Y SU ÉPOCA


         GOETHE Y SU ÉPOCA

            El autor
            Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832) quizá sea, junto con Shakespeare y Cervantes, el paradigma del gran escritor universal. Nacido en Frankfurt, hijo de un abogado y consejero imperial, estuvo dotado de una prodigiosa inteligencia y llegó a acumular una amplia cultura; el principal rasgo que lo caracteriza es su polifacetismo (fue poeta, filósofo, científico, dramaturgo, novelista, político, moralista y sabio).  

            Goethe estudió Derecho en Leipzig (1765), pero una grave enfermedad lo obligó a dejar los estudios en 1768 y volver a su ciudad natal; durante su convalecencia estudió filosofía ocultista, astrología y alquimia, y se introdujo en el misticismo religioso. De 1770 a 1771, estuvo en Estrasburgo para proseguir sus estudios de Derecho, donde conoció a Friederike Brion, que más tarde le serviría de modelo para personajes femeninos de sus obras, y al filósofo y crítico literario Herder, quien lo enseñó a apreciar la poesía popular alemana, y con el que colaboró en la redacción del manifiesto Sturm und Drang («Tormenta e ímpetu»), considerado el preludio del Romanticismo en Alemania, y que toma su nombre de un drama del escritor Friedrich von Klinger.

            Tras graduarse en Derecho y volver a Frankfurt para ejercerlo, escribió varias obras. Al año siguiente, como resultado de un desdichado incidente amoroso con Charlotte Buff, prometida de uno de sus amigos, y de la que se enamoró perdidamente, Goethe ofrecería su primera muestra de romanticismo al más puro estilo rousseauniano con su novela Las desventuras del joven Werther (1774).  El año 1775 se trasladó a Weimar, que entonces era uno de los centros intelectuales y literarios de Alemania. Entre 1786 y 1788 vivió en Roma. De nuevo en Weimar comenzó un periodo de gran creatividad literaria, hasta su muerte en 1832.

            Su contexto
            Tal como ocurre con Boccaccio o Shakespeare, también la obra de Goethe se sitúa en un momento de transición entre dos épocas históricas y artísticas diferentes: el racionalismo clásico del siglo XVIII y la agitación revolucionaria del Romanticismo. Si el lema del espíritu y la literatura de la Ilustración pudiera resumirse en “razón y sentido de la medida”, según avanza el siglo ese equilibrio que los ilustrados buscan va a irse alterando a través de un proceso en el que la libertad incrementa su peso en detrimento del sentido de la medida. El prerromanticismo sería la manifestación estética de ese desequilibrio. Desde mitad del siglo XVIII, y de manera progresiva según se acerca su final (no olvidemos que en 1789 se inicia la Revolución Francesa), el deseo de libertad se extiende a todos los ámbitos de la vida social y cultural, y entre ellos, como no podía ser menos, a la literatura, que lentamente va rompiendo con las barreras, reglas y preceptos que imponía la estética neoclásica. Entre los rasgos más sobresalientes de esta estética “emergente” podemos citar los siguientes:
  • Mayor peso de los sentimientos y la emoción frente a la razón. 
  • Incremento del valor de la imaginación y la originalidad frente a la imitación.
  • Paso de una literatura centrada en lo útil a una literatura basada en la exaltación de la intimidad.
  • Desaparición del tono didáctico de las obras literarias.
  • La libertad como valor absoluto.
  • Puesta en entredicho de las reglas y preceptos del Neoclasicismo.
  • Reivindicación del concepto de “genio” y del escritor como “creador” y de la literatura, por tanto, como obra singular e irrepetible.

            Si bien no faltarán precedentes y seguidores en Francia (Rousseau) e Inglaterra (Richardson, Fielding), esta nueva sensibilidad tendrá su núcleo literario más relevante y significativo en la literatura en lengua alemana; Alemania será el país en el que se inicie el Romanticismo y desde el que irradie a todos los países europeos. Desde muy temprano, el Romanticismo alemán adquirió caracteres distintos de los que muestra en el resto de Europa; así, por ejemplo, no apareció en brusco contraste con las ideas del XVIII, que se basaban en la Ilustración, sino que surgió como evolución natural del cruce de ideas de ese mismo siglo XVIII. Un grupo de jóvenes patriotas rechazará el clasicismo al que identifican con Francia y buscará inspiración en las tradiciones populares germánicas. Además de Goethe, en Alemania destacaron J. G. Herder, principal teórico del movimiento, y Schiller.



WERTHER Y LA OBRA LITERARIA DE GOETHE


            WERTHER Y LA OBRA LITERARIA DE GOETHE

            Johann Wolfgang Goethe cultivó todos los géneros literarios y puede decirse que apenas hubo actividad del espíritu y de la ciencia que no suscitase su atención. Este autor ofrecería su primera muestra de romanticismo al más puro estilo rousseauniano con su novela Las desventuras del joven Werther (1774), que se convertiría en la obra emblemática del Romanticismo europeo. En 1787, Goethe corrigió y aumentó esta obra, que había escrito en apenas cuatro semanas. La novela, de carácter autobiográfico, nos narra a través de una serie de epístolas que el joven Werther dirige a su amigo Guillermo (Wilhelm) la propia historia del protagonista, un joven apasionado y sentimental que abandona su ciudad para retirarse a la soledad de Wahlheim, una tranquila e idílica aldea donde se dedica a la pintura y a la lectura; será en esta aldea donde conozca a Carlota, una hermosa muchacha de la que queda absolutamente prendado. Pero Carlota está prometida con Alberto, un honrado lugareño. El amor brota del corazón del joven Werther, que se entrega a una rutina de visitas y anhelos amorosos. La vida del joven discurre, desde entonces, entre la esperanza de una posible relación con Carlota y la desesperanza ante la imposibilidad real de dicha relación. Werther intenta enderezar su vida, cambiar de rumbo alejándose de Carlota, pero sus sentimientos serán más fuertes que su razón. La noticia de la inminente boda de Alberto y Carlota  lo sume en un profundo desasosiego. A través de sus cartas, el lector aprecia el enamoramiento del protagonista, así como el aumento de su desesperación por el dolor y el desgarro por este amor imposible que acabará con el suicidio de este joven, falto de adecuación al mundo que le rodea, y como manifestación de una frustración existencial que los franceses denominarían el “mal du siècle”.
            Escrita en un tono un tanto lacrimógeno y dramático, con una prosa trufada de admiraciones e hipérboles, pero con un sutil análisis de la pasión amorosa y de sus efectos psicológicos, la novela tuvo una influencia decisiva en la construcción de la sensibilidad prerromántica. Numerosos jóvenes enfermos de amor imitaron a Werther y se suicidaron, como manifestación palpable de que a veces la realidad imita al arte; y muchos adoptaron la moda de los colores azul y amarillo de la indumentaria de Werther. El éxito del libro superó incluso a La nueva Eloísa de Rousseau, a pesar de que la obra fue duramente criticada por los moralistas de la época, tanto por lo escandaloso del suicidio como por el desafío que la obra manifestaba contra las convenciones sociales.
            La inspiración del Werther la encontró su autor a mediados de 1772 cuando, mientras era practicante como abogado en el tribunal de Wetzlar, se enamoró de Charlotte Buff, la novia y prometida de su colega, Kestner, y además recibió la noticia del suicidio de un amigo y colega suyo, que, depresivo por el amor imposible a una mujer casada, se había suicidado disparándose un tiro con una pistola que había pedido prestada a Kestner.
            El Werther de Goethe nace en un momento histórico alemán en el que se rompe de forma radical con el culto a las reglas y a la razón predominante hasta ese momento. Se estaba forjando toda una revolución en la lírica, el drama y la novela. Su aparición en otoño de 1774 supone la finalización en Alemania de una literatura dependiente de estilos y formas heredadas de regiones vecinas, de Inglaterra y Francia principalmente.

            Además de esta novela, Goethe publicó otras obras como poeta, novelista y dramaturgo. En su obra podemos considerar tres períodos:
a)      Prerromanticismo, hasta su viaje a Italia: desde 1767 a 1785. La obra más importante de este período es la novela anteriormente descrita. En el mismo año en que publicó Werther (1774), Goethe publicó un drama, Clavijo, en el que también se expresa el signo de los nuevos tiempos.
b)      Clasicismo, tras su viaje a Italia: 1786-1805. Después de dos años en Italia, Goethe encontró el fondo auténtico de su naturaleza; se hace clásico y ya no buscará la fuerza, sino la armonía; en Italia escribió Ifigenia en Táuride y, de vuelta a su patria, Torcuato Tasso, dos tragedias en verso, de gran pureza formal y con elementos clásicos. También escribe versos como los de Elegías romanas, una evocación de Italia, y Epigramas venecianos. De este momento son también su novela Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister, obra en la que retrata la sociedad alemana de su tiempo, y el poema épico Hermann y Dorotea.

  c)     Simbolismo: desde 1806 a 1832. De este período son las novelas Las afinidades electivas, sobre el tema del matrimonio, el amor y el adulterio, y los Viajes italianos, de carácter autobiográfico. Pero sin duda su creación más importante es Fausto, su obra cumbre, publicada en dos partes (1808 y 1832), y en la que tardó casi sesenta años en escribirla. El pacto del hombre con el diablo (Mefistófeles) a fin de recuperar la juventud y alcanzar el amor de la joven Margarita, es el tema central de Fausto, convertido en uno de los mitos de la literatura universal. Su tema no era nuevo, pues Goethe lo tomó de una leyenda medieval que circuló por todas las literaturas. La segunda parte de la obra, de tipo simbólico, aunque aparece escrita en forma de diálogo, es casi irrepresentable. En Fausto, Goehte se hallaba ya bastante distanciado de la fiebre romántica; Fausto es la encarnación del hombre moderno, una persona para quien los límites de su existencia se convierten en opresión, necesitando romperlos para satisfacer sus ansias de absoluto. En sus ansias para tomarlo todo, Fausto se convierte en símbolo de la humanidad.



Además de sus obras literarias, Goethe fue autor también de textos científicos sobre diversos temas, manifiestos, libros de viajes y su autobiografía, Poesía y verdad. La importancia de la obra de Goethe puede ser juzgada por la influencia que sus escritos críticos, su poesía, sus dramas y sus novelas ejercieron sobre los escritores de su época y sobre los movimientos literarios que él inauguró y de los que fue la figura principal.