domingo, 15 de noviembre de 2015

TEMAS DE ROMEO Y JULIETA





En Romeo y Julieta son determinantes los siguientes temas: el amor (versus odio), la muerte, y el destino. 

 EL AMOR



Es el tema central de Romeo y Julieta. En la obra encontramos varias ideas acerca del amor:

    • El encaprichamiento aparece en la actitud de Romeo hacia Rosalina al principio de la obra. Sabemos que es un mero encaprichamiento porque en el momento en el que Romeo ve a Julieta olvida a Rosalina. 
    •  El amor “romántico” o verdadero amor corresponde a la pareja que da título a la obra. El amor de la pareja pasa por las siguientes fases: en el acto I, escena I, Romeo aún no conoce a Julieta, y admite estar enamorado de Rosalina. En el acto II, escena II (escena del balcón), Romeo pide a Julieta un voto de amor, y ella sugiere que deberían contraer
      matrimonio, hecho que acontece poco después (escena IV del mismo acto). Tras la muerte de Teobaldo, Romeo se ve obligado a desterrarse de Verona y, por tanto, a separarse de su esposa Julieta. En el acto III, escena V, la pareja consuma su matrimonio. Tras la separación física de los amantes, todo comienza a ir mal; Julieta toma decisiones que no tendrán éxito: la poción que toma por consejo de fray Lorenzo no tiene el efecto esperado, Romeo decide acabar con su propia vida al pensar que Julieta ha muerto, y esta también decide morir al no poder concebir su vida sin Romeo.
    • amor que siente Paris hacia Julieta está cargado de admiración y respeto. Sin embargo, no podemos hablar en este caso de verdadero amor, ya que Paris quiere casarse con Julieta sin haberla conocido antes. Para Paris, el amor es buena educación y decoro.


Hay que tener en cuenta que, a diferencia de Italia y otras naciones católicas, donde eran comunes el culto a la virginidad y la negación de la carne, en la Inglaterra protestante el amor auténtico y pasional se canaliza a través del matrimonio, dotado de una dignidad e importancia desconocida en otros países. Shakespeare presenta un amor que es capaz de vencer todos los obstáculos, incluida la muerte.

El amor en la obra aparece en continuo contraste con el odio. El amor de los jóvenes protagonistas está rodeado por un ambiente hostil: sus familias están enfrentadas por una rivalidad irracional, que no se explica en la obra, y que constituye una amenaza permanente; dicha rivalidad aporta el marco necesario para esta trágica historia de amor y muerte. El odio es, por tanto, un aspecto externo en contra del amor; la tragedia de su amor parte de la siguiente pareja opositiva: 


Rivalidad entre los Montesco y Capuleto (odio) versus amor entre Romeo y Julieta.


El amor debe derrotar al odio. Sin embargo, esta victoria solo será posible a través de la muerte.

Estos dos mundos opuestos radicalmente generan un conflicto entre el amor y las convenciones sociales que se convierten también en un conflicto generacional (los jóvenes amantes que deben enfrentarse al mundo adulto, en el que prevalecen valores tales como el prestigio y las imposiciones familiares). 

EL DESTINO



El destino juega un papel muy importante en esta obra, probablemente por tratarse de una de las tragedias consideradas como inmaduras de Shakespeare; al contrario pasa en Macbeth o en Otelo, obras en las que son los propios personajes, y no las estrellas, los responsables de su trágico final.

 La idea de que los protagonistas son “marionetas” manipuladas por las estrellas se nos transmite desde el prólogo de la obra: “cobraron vida bajo contraria estrella dos amantes”. Los malos augurios y las premoniciones están presentes a lo largo de toda la obra; así, cuando Romeo entra en la fiesta de los Capuleto dice: “mi corazón presiente que alguna fatalidad, todavía suspendida en las estrellas, comenzará amargamente su temible curso con los regocijos de esta noche”. También Julieta, en la escena del balcón, tiene una intuición: “aunque eres mi alegría, no me alegra el pacto de esta noche”.
LA MUERTE



La obra finaliza con la muerte de los dos amantes, pero también con la reconciliación de sus familias, lo cual aporta un aspecto positivo a la tragedia, ya que intenta transmitir que el triunfo del amor es la única vía para destruir el odio. La muerte se concibe como la única forma de que los amantes perpetúen un amor que solo encuentra obstáculos a su paso.

INFLUENCIAS DE ROMEO Y JULIETA EN LA LITERATURA OCCIDENTAL



INFLUENCIAS DE ROMEO Y JULIETA EN LA LITERATURA OCCIDENTAL

Romeo y Julieta y la literatura

El origen del esquema argumental de la obra hay que buscarlo primero en la mitología griega (Hero y Leandro, Píramo y Tisbe), y en algunas leyendas medievales. Pero la fuente más directa de Shakespeare es The Tragicall of Romeus and Juliet (1562), un largo poema narrativo de Arthur Brooke, quien a su vez atribuía la primera redacción de la historia a Matteo Bandello.
La popularidad de este drama en Europa comenzó a dejarse notar muy pronto. Las diversas representaciones de que fue objeto la tragedia, así como las variadas traducciones y adaptaciones que de ella se realizaron en países como Alemania, Holanda, Francia o Italia evidencian un interés por el drama del que España fue también partícipe.
El gobierno puritano clausuró los teatros en 1642, pero con la restauración monárquica en 1660 el teatro volvió a tener su sitio. En 1662 William Davenant hizo una nueva versión de Romeo y Julieta, y, por la misma época, Jame Howard hizo una tragicomedia, en la que los protagonistas no morían al final. En 1680 se estrenó con gran éxito Historia final de Caius Marius, de Thomas Otway, nueva versión en que se dan algunas interesantes transformaciones: cambio de escenario (Roma Antigua), cambio de los nombres de los amantes (Marius, Lavinia), nuevos enfrentamientos (entre patricios y plebeyos) y final (Lavinia despierta justo antes de que Marius muera). La escena final de esta obra siguió utilizándose dos siglos después en las adaptaciones de Theophilus Cibber (1744) y David Garrick (1748), que transformó algunas escenas que consideró indecentes, tratando de insistir en el concepto de fidelidad y eliminando el tema del amor a primera vista. La versión de Garrick se volvió muy popular, llegando a escenificarse a lo largo de casi todo el siglo XVIII y parte del XIX hasta que en 1845 se retomó la obra original de Shakespeare en Estados Unidos (con la versión de las hermanas Cushman), y dos años después ocurrió lo mismo en Gran Bretaña.
Las teatralizaciones profesionales de Shakespeare en la mitad del XIX daban gran importancia a la escenografía y omitían escenas secundarias. A lo largo de este siglo hubo distintos montajes, convirtiéndose en la obra más popular de Shakespeare. En el siglo XX, solamente la superó Hamlet.
Su influencia en la literatura posterior ha sido enorme. Entre las parodias de la obra destacan Las dos furiosas mujeres de Abingdon (1598) de Henry Porter. Por otro lado, la escena del panteón puede haber sugerido muchas novelas negras de fines del siglo XVIII y, según algunos, pudo influir en ciertas narraciones de Edgar Allan Poe.
También ha habido adaptaciones de Romeo y Julieta dentro del teatro musical: la más famosa es West Side Story, musicalizada por Leonard Bernstein y escrita por Stephen Sondheim. La producción debutó en Broadway en 1957 y en 1961 se adaptó exitosamente en una película. La versión cinematográfica trasladó los sucesos del musical a una ciudad de Nueva York de mediados del siglo XX, mientras que las familias rivalizadas se convirtieron en pandillas. Otros musicales notables son la producción de rock de 1999, William Shakespeare’s Romeo and Juliet (por Terrence Mann), y la versión de Gérard Presgurvic, Roméo et Juliette. 

Romeo y Julieta y la música

La historia de la música contiene también piezas memorables de la escena lírica sobre Romeo y Julieta. Al menos unas veinticuatro óperas se han basado en Romeo y Julieta. La más antigua, Romeo and Julie, apareció en 1776. Esta producción omitió gran parte de la acción relatada en el guion, así como a la mayoría de los personajes, contando asimismo con un final feliz. Ocasionalmente, se retomó en la sociedad contemporánea. Por otro lado, destaca la tragedia lírica Capuletos y Montescos (1830), de Vincenzo Bellini. La ópera más conocida es Roméo et Juliette de Charles Gounod (1867). Entre otras muchas destaca la versión musical Love Story, de la cantante de pop-country estadounidense Taylor Swift (2009). En lo que corresponde a la versión más conocida para ballet, corrió a cargo de Sergéi Prokófiev.

Romeo y Julieta y la pintura

Son muchos los pintores que se han inspirado en Romeo y Julieta: Brown, Delacroix, etc. Es muy conocida la pintura que representa a Romeo y Julieta en el balcón, obra de Frank Dicksee (1884).

Romeo y Julieta y el cine

La historia de Romeo y Julieta ha interesado al cine por sus valores románticos y dramáticos. Existen versiones clásicas, como el Romeo y Julieta de Franco Zeffirelli (1968), en la que intentó seguir al pie de la letra el texto original de Shakespeare, y contemporáneas, como el Romeo y Julieta de Baz Luhrmannn (1997), protagonizada por Leonardo DiCaprio y Claire Danes. Otras adaptaciones son West Side History (1961), de J. Robbins y R. Wise, sobre bandas callejeras neoyorquinas; Shakespeare enamorado, de John Madden.

viernes, 13 de noviembre de 2015

ROMEO Y JULIETA Y LA OBRA DE WILLIAM SHAKESPEARE




ROMEO Y JULIETA Y LA OBRA DE WILLIAM SHAKESPEARE
La visión del mundo que presenta la obra de Shakespeare es variada y hasta contradictoria: se mezclan elementos trágicos con otros cómicos, destaca la presencia de personajes grotescos en situaciones de enorme tensión… Sus personajes no son planos o monocordes, sino que presentan múltiples facetas y matices que los dotan de una extraordinaria complejidad; por tanto, no son tipos, sino que encarnan valores y tienen una profunda psicología; así, Otelo quedó siempre como encarnación de los celos; Macbeth, de la ambición; Hamlet, de la duda paralizadora; Romeo y Julieta, del amor juvenil desgraciado.
Shakespeare sobresalió en todos los géneros dramáticos que cultivó. Con 37 obras dramáticas escritas en unos treinta años, su obra alcanzó la más perfecta expresión del arte teatral de todos los tiempos. Es habitual dividir su obra en cuatro grupos:
a) Dramas históricos
La inspiración en temas nacionales es esencial en el teatro isabelino. A esta línea corresponden diez de las obras de Shakespeare: las “history play” u obras históricas, entre las que destacan Ricardo III o Enrique IV. Los dramas históricos de Shakespeare abarcan unos dos siglos de historia de Inglaterra, del siglo XIII al XV, con sus guerras, sus luchas dinásticas, sus conjuras… Shakespeare busca lo humano por detrás del personaje histórico; en sus dramas se interesa, más que por los acontecimientos, por los hombres, de ahí el alcance universal de sus dramas. Por lo general, Shakespeare encierra en sus dramas históricos, con una fuerza inusitada, aquella violencia tan del gusto de la época.
b) Las comedias
Shakespeare partió de una fórmula ya consagrada: la comedia novelesca y de enredo, de raíces terencianas e italianas. Nos encontramos, pues, con intrigas amorosas que se entrecruzan, salpicadas de dificultades, de celos, de malentendidos provocados por parecidos entre personajes o por disfraces, etc. Pero el genio de Shakespeare enriquece tal materia dándole una inconfundible hondura humana. Los tipos estereotipados, propios de aquel género, se convierten en criaturas vivas, individualizadas.
Entre las comedias de la primera época destacan: La comedia de las equivocaciones, La fierecilla domada (procedente del famoso apólogo de don Juan Manuel, basado en la mujer brava amaestrada por el marido), El sueño de una noche de verano (una de las cimas de la comedia fantástica), Los dos hidalgos de Verona, El mercader de Venecia, Las alegres casadas de Windsor, etc. A excepción de esta última, todas las comedias de Shakespeare están situadas fuera de Inglaterra.
Una segunda etapa estaría constituida por las dark comedies (las “comedias sombrías” de 1601 a 1604), en las que los temas graves cobran especial densidad, como en A buen fin no hay mal principio y Medida por medida.
Finalmente, sus últimas comedias están caracterizadas por la serenidad y el optimismo, como en Cuento de invierno o La tempestad, prodigio esta última de fantasía y lirismo.
c) Las tragedias
La faceta trágica es la mejor de Shakespeare, que escribió la mayoría de estas obras en su período de madurez. La clave reside en el análisis de la conducta de los caracteres, a los que llena de complejidad y emotividad, para hacer creíble su desastroso final.
Romeo y Julieta (1595) se inspira en una historia italiana de Mateo Bandello, aunque con el probable influjo de La Celestina. Sus protagonistas, amantes por encima de la implacable enemistad entre sus familias, han traspasado todas las épocas como modelos de un amor juvenil que salta por encima de convenciones y barreras y sucumbe como consecuencia de aquellas. La obra muestra algunas características representativas del genio de su autor, como la relevancia de los personajes secundarios, el uso de subtramas, el empleo de verso y prosa y, especialmente, la conversión de comedia a tragedia (a partir de la muerte de Mercucio en el acto III) y la precipitación del tiempo, que dan a la obra una gran tensión dramática.
Se trata de una de las piezas más conocidas y representadas del autor, debido quizá a que, pese a su trágico final, la obra exalta uno de los sentimientos más hermosos del ser humano: el amor. En ella, la querella existente entre dos familias de hidalgos de Verona, Montescos y Capuletos, sirve de marco para poner en escena la historia del amor surgido entre la única hija Capuleto y el hijo único de Montesco. El suicidio de Julieta convierte a esta en uno de los personajes femeninos de mayor elaboración y fuerza dramática.
Romeo y Julieta no son personajes propiamente trágicos; los héroes trágicos de Shakespeare se consumen en su propia soledad y son condenados por sus obsesiones y sus pasiones. No se puede decir que mueren víctimas de su amor, pues este no es una pasión negativa ni destructiva. Ellos mueren víctimas del odio y la irracionalidad de otros personajes; la lección que ofrece Shakespeare a través de estas muertes no es la de que el amor puede llevar a la destrucción a dos jóvenes amantes, sino que el odio irracional puede acarrear a los hombres la pérdida de lo que quieren. Los personajes propiamente trágicos son los padres de los jóvenes. La muerte en el contexto de la obra simboliza la muerte del amor en un mundo regido por la violencia, el odio y la soberbia.
Hamlet (1600-1601) es probablemente la pieza teatral más famosa de la cultura occidental. Su gran atractivo se debe –además del dominio del arte de los monólogos– a su excepcional combinación de valores teatrales y profundidad moral y psicológica. La obra se inscribe en el género de la tragedia de la venganza (el protagonista debe vengar la muerte de su padre, el rey de Dinamarca).
Otelo (1604) es la tragedia de los celos. El protagonista, hombre de natural violento, se ve arrastrado por las sospechas que hace nacer en él Yago, envidioso de la gloria de su jefe. Piedad suscitan tanto Desdémona, la víctima inocente, como el ofuscado Otelo.
El rey Lear (1604-1605) es el drama de la ingratitud filial. Lear, vilipendiado y abandonado por sus dos herederas, se ve arrastrado a la desesperación, la locura y la muerte.
Macbeth (1606) es excepcional entre las tragedias de Shakespeare por tener como héroe a un asesino. Lady Macbeth, impulsando a su marido al asesinato del rey de Escocia, se ha convertido en paradigma de la funesta ambición, destructora y autodestructora.
d) Las obras romanas
Julio César (1599), Antonio y Cleopatra (1606-7) y Coriolanus (1607-8) forman un grupo bien diferenciado dentro de la producción dramática de Shakespeare. También en ellas supera el autor lo puramente histórico para atender a los conflictos interiores de los personajes.
En conclusión podíamos decir que si los asuntos de las obras de Shakespeare no son originales (pues están tomados de crónicas medievales, relatos italianos o dramas anterioes), él les dio, en su tratamiento, una profundidad y un sentido nuevos, universales.

SHAKESPEARE Y SU ÉPOCA



SHAKESPEARE Y SU ÉPOCA
El autor
William Shakespeare (Stratford-on-Avon 1564-1616) no es solo el más importante dramaturgo inglés del siglo XVII, sino una de las cumbres de la literatura universal. Hijo de un guantero (o comerciante de cueros y lanas) que llegó a ser alcalde, su familia había caído en desgracia, acusada de comercio ilegal de lana. En 1582, cuando tenía 18 años de edad, Shakespeare contrajo matrimonio con Ana Hathaway, de la que tuvo una hija y dos gemelos, pero no fue un matrimonio bien avenido, y él la abandonó.
En 1587, Shakespeare marchó a Londres, donde entró en contacto con el ambiente teatral, al principio guardando los caballos de los espectadores nobles, luego como actor y posteriormente como autor anónimo. En 1589 escribió su primera obra dramática, Pericles, y dos años después, El rey Enrique VI. A partir de entonces, no cesa de escribir obras En 1594 Shakespeare dio un gran salto en su carrera y en sus pretensiones económicas, pues pasa a ser coempresario y autor de la compañía protegida por el lord Chambelán, compañía que contaría entonces con el mejor actor de la época, el mejor teatro (el Globo) y con el mejor dramaturgo: Shakespeare. Por ello, sus representaciones estaban siempre abarrotadas de público. A pesar de ello, la censura le causaría algunos problemas, y dificultaría algunos de sus estrenos. Pero Shakespeare no dejaría por ello de criticar algunos aspectos de la sociedad de su tiempo. En 1613 decidió retirarse a su casa de Stratfor-on-Avon; su situación económica había empeorado, y vivió ya retirado por completo de su actividad literaria.
Su contexto
William Shakespeare pertenece al período renacentista. El Renacimiento se gesta tempranamente en Italia y se extiende al resto de los países en el siglo XVI. El Renacimiento es una concepción de la vida y de la realidad que se manifiesta en las artes, las letras, las ciencias, la política y las costumbres: alcanza a todas las actividades humanas. El Renacimiento y sus avances van a suponer una exaltación de todo lo humano, una visión optimista de la capacidad del hombre para controlar y comprender mediante la razón todo aquello que le rodea y un ansia desmedida de goce de la vida que podríamos llamar el vitalismo.
La base ideológica del Renacimiento es el Humanismo, surgido en Italia durante el siglo XIV, y caracterizado por el estudio de las lenguas y las literaturas clásicas, la imitación de los modelos grecolatinos y el interés por las lenguas vulgares.
Shakespeare será un escritor del teatro isabelino, que toma su nombre del reinado de Isabel I, hija de Enrique VIII y Ana Bolena. Se trata de una etapa histórica en la que Inglaterra va a experimentar una profunda transformación económica, política, social e ideológica, cuyo detonante fue el conflicto religioso surgido del choque entre catolicismo y reforma protestante iniciada tras el divorcio entre Enrique VIII y Catalina de Aragón. El teatro isabelino se caracterizará por su carácter comercial; es por ello por lo que Shakespeare conoció el rápido surgimiento de teatros construidos ex profeso en las afueras, cerca del Támesis: The Theater, Courtain, The Swan y el famoso The Globe, donde él actuó e hizo representar sus obras. Se trataba de construcciones circulares, octogonales o poligonales, más altas que anchas, en cuyo patio se alzaba un tablado de aproximadamente un metro y medio de altura, que estaba rodeado por un graderío de tres plantas, con lo que se conseguía visibilidad y una acústica relativamente aceptable, dada la cercanía del público con respecto a los actores. Los decorados eran meramente simbólicos o no existían. El público que contenían las gradas era numeroso (en el Globe llegó a ser de tres mil espectadores).
Las compañías fueron estables en cada teatro y gozaron de la protección de reyes y personajes de la nobleza. Sin embargo, no podían incluir mujeres y, como en la ópera china, los papeles femeninos eran representados por muchachos.
Aunque oscurecidos por la figura de Shakespeare, el teatro isabelino cuenta con otros autores de mérito, como Thomas Kyd, Christopher Marlowe o Ben Jonson, el principal competidor de Shakespeare.

lunes, 2 de noviembre de 2015

COMENTARIO DE TEXTOS LITERARIOS



COMENTARIO DE TEXTOS LITERARIOS

El método de comentario de textos literarios que proponemos consta de las siguientes fases:
  1. Lectura y comprensión del texto.
  2. Localización.
  3. Análisis del contenido.
  4. Análisis de la forma.
  5. Conclusión.

FASE I.- LECTURA Y COMPRENSIÓN DEL TEXTO
En primer lugar se realizará una lectura atenta y reiterada del texto. Es imprescindible que no haya ninguna duda sobre lo que el texto dice, por lo que hay que partir de la comprensión total de las palabras y expresiones del texto (será necesario contar con un buen diccionario y otras obras de consulta).

    FASE II.- LOCALIZACIÓN
Para comentar un texto es imprescindible tener en cuenta el conjunto a que pertenece y el lugar que ocupa dentro de un conjunto (sobre todo si estamos analizando un fragmento perteneciente a una obra). Entre los aspectos que podemos comentar en esta fase del comentario se encuentran:
-          Género literario al que pertenece el texto.
-          Período literario, época, movimiento literario y fecha.
-          Relación con el contexto literario de la época.
-          Autor o autores; anonimia.
-          Lugar que ocupa el texto en la producción general del autor.
-          Si el texto es un fragmento de una obra, habrá que localizarlo dentro de ella y, posteriormente, localizar a esta dentro de la producción global del autor.
-          Destacar las características más relevantes de la obra a la que pertenece el texto.
-          Posibles fuentes e influencias.
-          Relación con otras manifestaciones artísticas y culturales del momento.
-          Otros datos de interés que puedan enriquecer el comentario (tratamiento del tema por otros autores…).

FASE III.- ANÁLISIS DEL CONTENIDO
En esta fase del comentario se tratarán los siguientes aspectos:
-          Asunto o argumento.
-          Tema o idea central.
-          Estructura (interna).
-          Otros aspectos del análisis del contenido.
a) Para determinar el asunto o argumento es necesario comprender el contenido del texto y establecer “lo que dice el texto”.
El argumento será expuesto mediante un breve resumen, el cual debe de contener todos los elementos básicos e imprescindibles del asunto o argumento.
b) El tema se fija disminuyendo al mínimo posible los elementos del asunto y reduciendo este a nociones o conceptos abstractos y generales. Se trata de sacar de los elementos del asunto la intención del autor al utilizarlos, es decir, la idea o ideas que quiere comunicarnos a través de ellos.
Claridad, brevedad y exactitud son dos características esenciales del tema. Para ello es necesario no confundir los elementos del argumento con los del tema, y distinguir entre la idea principal y las secundarias.
El núcleo fundamental del tema podrá expresarse mediante una palabra abstracta rodeada de complementos. El acierto en la determinación del tema está en dar con la palabra adecuada que sintetice la intencionalidad del autor.
c) Llamamos estructura o composición a la forma en que están dispuestas las “partes” o unidades de contenido que componen el texto. Estas unidades de contenido son solidarias e interdependientes. También puede ocurrir que algún texto (bien por su brevedad, bien por la unidad de su contenido, o porque el autor no ha querido darle una estructura aparente) no pueda ser dividido en apartados.
En esta parte del comentario analizaremos cómo se organiza el contenido y estableceremos los apartados o núcleos estructurales (y los subapartados, si el texto los presenta). Se recomienda exponer cada apartado mediante una breve frase que sintetice su contenido y señalar los versos o líneas que abarca.
d) Entre otros aspectos que también podemos analizar dentro de este apartado referente al estudio del contenido se encuentran los siguientes:
-          Explicar si el texto es narrativo, descriptivo, argumentativo,…
-          Diálogo, monólogo o soliloquio, monólogo interior.
-          Originalidad y/o tradicionalidad del contenido.
-          Tono del texto: actitud neutra, pesimista, optimista, irónica,…
-          Información que el texto aporta sobre la historia, la religión, el arte, la filosofía, etc. del momento a que pertenece.
-          Si el texto pertenece al género de la lírica, comentar la “actitud lírica” del autor (relación entre el “yo” que contempla y la realidad contemplada, en el caso de que sea un texto narrativo-descriptivo; estudio del “tú” como soporte para mantener un diálogo aparente, o bien como desdoblamiento del “yo”, o como confidente, etc.).
-          Si el texto pertenece al género de la narrativa o épica deberemos comentar la presencia o ausencia del autor en la narración, el tipo de narrador, el punto de vista de la narración, el tiempo y espacio del relato, etc.
-          Si el texto pertenece al género dramático analizaremos los personajes que intervienen en el diálogo, los apartes, las acotaciones, etc.

FASE IV.- ANÁLISIS DE LA FORMA
En la fase anterior nos hemos ocupado de lo que dice el texto; ahora analizaremos cómo lo dice. En el análisis de la forma analizaremos los siguientes aspectos:
-          Análisis métrico (ver apéndice de métrica).
-          Análisis estilístico.

El análisis formal trata de interpretar y valorar los rasgos lingüísticos que en los tres planos (fónico, morfosintáctico y léxico-semántico) caracterizan al texto literario. Se recomienda que este análisis se realice línea a línea (o verso a verso, si el texto es poético).
-          En el plano fónico se comentará cualquier peculiaridad ortográfica, fonética, gráfica, etc. que potencie la expresividad del texto. También se realizará un análisis explicativo de aquellas figuras retóricas pertenecientes al plano fónico que se encuentren en el texto (aliteración, onomatopeya, armonía imitativa,…).
-          En el morfosintáctico descaremos las posibilidades expresivas que ofrece el texto a nivel morfosintáctico. Hay que evitar convertir este momento del comentario en un mero recuento de sustantivos, adjetivos, verbos, etc. Del examen previo de la aparición y frecuencia de estas categorías gramaticales se deducirá si el texto es narrativo, descriptivo, etc. (así, por ejemplo, si en un texto encontramos abundancia de adjetivos estaremos ante un texto descriptivo). Igualmente, del orden que guardan las palabras en el texto y del tipo de sintaxis utilizada se suele desprender determinados valores estilísticos. También se analizarán las figuras retóricas pertenecientes al plano morfosintáctico (anáfora, asíndeton, polisíndeton, elipsis, pleonasmo, paralelismo…).
-          Y en el plano léxico-semántico se analizarán palabras clave, eufemismos, frases hechas, etc. También se analizará las características del léxico por su origen y procedencia (arcaísmos, cultismos, neologismos…), así como los campos semánticos y los tropos y figuras retóricas pertenecientes a este nivel (metáfora, metonimia, comparación, perífrasis, hipérbole…).

FASE V.- CONCLUSIÓN
La conclusión es un balance o resumen de nuestro comentario. No se trata de repetir lo que ya hemos dicho, sino de hacer una síntesis de los aspectos más relevantes de nuestro análisis. Trataremos de establecer una relación entre fondo (contenido) y forma.
            Por último, la conclusión debe acabar con una opinión sincera sobre el fragmento y, por supuesto, se evitarán fórmulas como “el texto es muy bonito”, u otras por el estilo.