domingo, 14 de abril de 2013

LA CENSURA DURANTE EL RÉGIMEN FRANQUISTA

El vacío institucional que dejó la Guerra Civil española fue llenado conforme al esquema ideológico del bando vencedor, el nacional, al frente del cual se encontraría la figura del que sería el Caudillo: Francisco Franco Bahamonde. El régimen franquista no elaboró una Constitución, sino que a medida que lo requerían las circunstancias se fueron dictando normas de diverso alcance jurídico.
Fue un régimen de anulación de las libertades. El carácter antiliberal y totalitario del régimen fue acentuado por la Ley de Prensa de 1938, mediante la cual todos los órganos de prensa eran políticamente controlados por el Estado a través de la censura previa y el nombramiento de sus cargos directivos. A su vez, la Ley de Responsabilidades Políticas, de 1939, y la Ley de Seguridad del Estado, de 1941, imponían nuevas represiones a las libertades de los ciudadanos.
Con respecto a la libertad religiosa, esta no se reconoció en ningún momento, ni siquiera en el Fuero de los Españoles, en 1945, en el que se pretendió un intento de apertura frente a las potencias aliadas de la Segunda Guerra Mundial. Al contrario, se proclamaba nueva y abiertamente la confesionalidad católica del Estado español.
Como ya había ocurrido en tiempos de la Inquisición, el Estado y la Iglesia católica establecieron una estrecha alianza para organizar la censura y poner en práctica las medidas de control de la libertad que más le favorecieran. Así, por ejemplo, la censura franquista –dependiente en un primer momento del Ministerio del Interior, más adelante de la Vicesecretaría de Educación Popular de la Falange, el Ministerio de Educación y finalmente del Ministerio de Información y Turismo- supondría un muro de contención frente a la avalancha de la ideología marxista de la Unión Soviética y de las democracias occidentales. Por el contrario, las ideas procedentes de la Italia mussoliniana y la Alemania nazi parece que fueron muy bien recibidas.
Como ya había ocurrido en otras ocasiones con otros Gobiernos débiles, la censura se convertía una vez más en el medio represor utilizado para despersonalizar a la población y convertirla en una masa uniforme obligada a pensar lo que el Gobierno quería que pensara.
Fue una censura muy aleatoria, puesto que se prohibían novelas, guiones de obras de teatro, anuncios, crónicas, etc., pero sin ningún tipo de criterios objetivados, salvo el sencillo esquema de que no atacase a la moral, al dogma, la Iglesia católica y, por supuesto, al régimen, a sus instituciones y a las personas que colaborasen con él. Esto, lógicamente, dejaba mucho a la subjetividad y capricho del censor de turno que, a su vez, temiendo lo del alguacil alguacilado, esto es, que fuesen censurados por sus superiores debido a su mano blanda, recortarían más de la cuenta.
Durante muchos años, la Prensa no publicó ni una sola crítica a Franco, por la sencilla razón de que estaba totalmente prohibido. A los periodistas les estaba obligado ofrecer una imagen de absoluta paz en el país; debía dar la impresión de que, tras la expulsión de los comunistas, ya no se cometían delitos en la Nación. Y, para ello, la práctica común fue la omisión: si los periódicos no hablaban de crímenes ni otros delitos, ni de dimisiones políticas, ni de delitos, accidentes, etc., es que no existían. Al igual que se suprimía cualquier noticia referente a un delito, también se tachaba cualquier alusión histórica a la Monarquía, a no ser que fuese para criticarla; así, Juan de Borbón tuvo que sufrir los ataques más feroces de la Prensa española. El mismo fallecimiento del rey fue tratado por la Prensa como una noticia insignificante.
Durante el período 1955-1966 el régimen se aproximó a lo que entendemos por un régimen constitucional. Así, se modernizó la Administración, se liberalizó en cierta manera el régimen de prensa mediante la Ley de Prensa de 1966 y la asociación política mediante la Ley de Asociaciones, en 1964. La Ley de Prensa de 1966, si bien alivió un poco la situación, fue más bien todo un montaje jurídico, ya que si bien suprimió la censura previa –que no fue tal, puesto que establecía el “depósito previo” como medida de control-, la libertad de expresión quedó limitada por el respeto a la verdad y a la moral, al acatamiento a la ley de Principios Fundamentales, las exigencias de la defensa nacional, de la seguridad del Estado y del mantenimiento del orden público interior y de la paz exterior y, naturalmente, el debido respeto a las instituciones y a las personas en la crítica de la acción política y administrativa.
Con la decadencia del régimen de Franco Bahamonde, los derechos y libertades fueron evolucionando a medida que lo hacía la sociedad española, si bien mantuvo como eventual aparato represaliador todo el caduco arsenal jurídico que el franquismo había ido acumulando desde sus orígenes.
La solicitud de ingreso en la Comunidad Económica Europea fue un motivo más para una apertura y modernización del régimen, que se llevaría a cabo durante la crisis del régimen, en el período de 1967 a 1975. Mas este proceso de modernización puesto en marcha por el propio régimen se volvería en su contra, ya que llegó un momento en que las libertades se salieron del cauce marcado por el totalitarismo. Franco murió en noviembre de 1975, y, con él, su dictadura.

martes, 22 de enero de 2013

LUCES DE BOHEMIA





GUÍA DE LECTURA: LUCES DE BOHEMIA

                                                   1.      EL AUTOR
Ramón María del Valle-Inclán nació en Villanueva de Arosa (Pontevedra) en 1866 y murió en Santiago de Compostela en 1936. Fue una de las personalidades más interesantes de la generación del 98. Comenzó la carrera de Derecho, pero antes de finalizar sus estudios marchó a México. De regreso, en Madrid lleva una vida bohemia; tras una disputa con un periodista hubo de amputársele el brazo izquierdo. Su fama va creciendo, tanto por su arte como por multitud de anécdotas de su vida excéntrica. En 1907 se casa con la actriz Josefina Blanco, de la que se separa en 1933. Su dedicación a la literatura es absoluta. Fue nombrado presidente del Ateneo de Madrid y director de la Academia de Bellas Artes de Roma.
En palabras de Ramón Gómez de la Serna, Valle-Inclán fue “la mejor máscara a pie que cruzaba la calle de Alcalá”. Su figura era inconfundible: manco, con melenas y barbas largas, con capa, chambergo y chalina. Pero, por debajo de su excentricidad bohemia, se oculta, de un lado, un violento inconformismo y, de otro, una entrega rigurosa a su trabajo de escritor en permanente persecución de nuevas formas.

2.      SU OBRA
La producción de Valle-Inclán es considerable y variada: novelas, cuentos, teatro, poesía... En todos estos géneros observamos una singular evolución de un Modernismo elegante y nostálgico a una literatura crítica, basada en una feroz distorsión de la realidad. Entre sus primeras obras destacan libros de relatos, como Corte de amor y Flor de santidad, ambientados en su Galicia natal. Su producción cumbre de esta primera etapa son las Sonatas (1903-1905) (Sonata de otoño, Sonata de estío, Sonata de primavera y Sonata de invierno), compuestas en una prosa rítmica, refinada y rica en efectos sensoriales. A las Sonatas le sigue el ciclo de las Comedias bárbaras: Águila de blasón (1907), Romance de lobos (1908) y Cara de plata (1922), ambientadas en el mundo rural gallego. La evolución estilística se acentúa en la trilogía La guerra carlista (1908-1909). En la línea modernista escribe su libro poético Aromas de leyenda (1907). El año 1920 es una fecha capital en la trayectoria del autor; en ese año publica cuatro obras decisivas: Farsa italiana de la enamorada del rey, Farsa y licencia de la Reina Castiza, Divinas palabras y Luces de bohemia. La deformación esperpéntica está ya presente en estas obras, sobre todo en las dos últimas, pero es Luces de bohemia, la primera a la que Valle-Inclán da el nombre de esperpento. En los años siguientes escribe tres esperpentos: Los cuernos de don Friolera (1921), Las galas del difunto (1926) y La hija del capitán (1927), recogidos luego bajo el título de Martes de carnaval. Entre las novelas de la última época destacan Tirano Banderas (1926), sobre un supuesto dictador americano, y la trilogía El ruedo ibérico, una violenta sátira política de los tiempos de Isabel II.

3.      EL ESPERPENTO
  Con este nombre (cuyo significado habitual era “persona o cosa extravagante, desatinada o absurda) designa el autor a esas obras suyas en las que lo trágico y lo burlesco se mezclan. Su mejor definición se hallará en la escena XII de Luces de bohemia: “Nuestra tragedia no es una tragedia”. La tragedia es un género demasiado noble para el panorama que le rodea: “España es una deformación grotesca de la civilización europea”; por eso, “el sentido trágico de la vida española solo puede darse con una estética sistemáticamente deformada”. Y así, de la imposibilidad de la tragedia surge el esperpento. La índole de esa estética deformante es ilustrada con la referencia a los espejos cóncavos que decoraban la fachada de un comercio en la llamada calle del Gato, en Madrid: “Los héroes clásicos, reflejados en un espejo cóncavo, dan el esperpento (…). Las imágenes más bellas, en un espejo cóncavo, son absurdas”. En los esperpentos aparecen personajes marginales o fantoches grotescos. El autor se complace en degradar la realidad y en agredirla con una carcajada que no perdona a personas, instituciones o mitos, pero que en el fondo oculta no pocas veces el llanto. El estilo es desgarrado, agrio aun en su humor, de incalculable fuerza crítica.
Mención especial merecen las acotaciones, tan literarias como el diálogo mismo.

4.      GÉNESIS Y TEMA
            La obra cuenta la última noche de la vida de Max Estrella, poeta miserable y ciego. Valle se inspiró en la figura y en la muerte de su amigo Alejandro Sawa, novelista bohemio, casado con una francesa y asiduo a los círculos modernistas; murió miserable, ciego y loco en 1909. Pero, a partir de esta figura real, Luces de bohemia cobra unas dimensiones que trascienden ampliamente la anécdota del fracaso y la muerte de un escritor mediocre. La obra se convierte en una parábola trágica y grotesca de la imposibilidad de vivir en una España deforme, injusta, opresiva, absurda; una España donde no encuentra sitio la pureza, la honestidad o el arte noble.

5.      ESTRUCTURA
 Luces de bohemia prescinde de la división en actos y se compone de 15 escenas, que pueden estructurarse de la siguiente forma:
      1)                  Un preludio: escena I (Max en su casa: anhelo de morir)
     2)                  Un cuerpo central de la obra: la peregrinación de Max por la noche madrileña. Son las escenas II-XI, que, a su vez, se repartirían en dos etapas iguales y simétricas:
              1ª. Escenas II-VI: hasta la estancia de Max en el calabozo con el obrero catalán.
              2ª. Escenas VII-XI: desde su salida de la cárcel hasta la muerte del obrero catalán.
      3) El final de la peregrinación: escena XII. Max vuelve a su casa y muere. Por otra parte, es la escena en que se expone la conocida “teoría del esperpento”.
      4) Epílogo: escenas XIII-XIV. Se lleva a cabo aquel suicidio “anunciado” al principio de la obra.


6.      PERSONAJES Y FANTOCHES
            Un denso mundillo humano puebla la obra: en ella aparecen más de 50 personajes.
            Max Estrella es un personaje complejo; dista de ser una figura noble, pero alcanza momentos de indudable grandeza. En él se mezclan el humor y la queja, la dignidad y la indignidad. Junto a su orgullo, tiene amarga conciencia de su mediocridad. Destaca su creciente furia contra la sociedad y, a la par, su sentimiento de fraternidad hacia los oprimidos.
            Don Latino, en cambio, es un gran fantoche. Es una caricatura de la bohemia y, a la vez, un tipo miserable por su deslealtad y su encanallamiento, tal como se ve, sobre todo, en las últimas escenas.
            Los demás fantoches del esperpento forman diversos grupos. Especialmente mordaz es la caricatura de los burgueses (el librero Zaratustra, el tabernero Pica Lagartos, algunos defensores del orden de las escena XI) o la de los policías (el capitán Pitito, Serafín el Bonito, los “guindillas”...), además de la caricatura del Ministro. También quedan ridiculizados los pedantes como don Gay, el periodista don Filiberto, Basilio Soulinake, etc., pero especialmente los epígonos del modernismo. Esperpentizados quedan también personajes populares, como la Pisa-Bien, el “Rey de Portugal”, la portera, las prostitutas o los sepultureros (parodia de los de Hamlet).
            Caso especial serían las figuras de Rubén Darío y Bradomín, contrapunto de vida y literatura refinadas dentro del esperpento.

7.      ESTILO
            La deformación y la distorsión de la realidad está en la base del esperpento. La deformación paródica no retrocede ante nada, pues se esperpentiza incluso la muerte. La degradación de los personajes se manifiesta por los frecuentes rasgos de animalización, cosificación o muñequización; los hombres se transforman en “perros”, “camellos”, “cerdos”, etc.; o en fantoches o peleles. Mención especial merecen las acotaciones, en las que, con pinceladas rápidas e insuperables, se dibujan a los personajes o se comentan sus actitudes.
            En cuanto al lenguaje, asombra su riqueza y la variedad de registros empleados (lenguaje pedante o cursi, expresiones formularias o administrativas, vulgarismos, giros del habla madrileña castiza, etc.). También destaca el arte de las acotaciones.